EL CUERVO
Por: carlos Pérez Alvarado
A fines de agosto de 2001, en las oficinas de la Conama de la región de Aysén la empresa canadiense Noranda ingresó al sistema de evaluación de impacto ambiental (SEIA) su proyecto Alumysa, consistente en la construcción de una planta reductora de aluminio, 3 centrales hidroeléctricas, un puerto en la Bahía Chacabuco, además de 80 Kms de líneas de transmisión, caminos nuevos y mejoramiento de otros ya existentes. Una de las centrales se emplazaba en el Río Cuervo y consideraba la construcción de 2 represas de 66 y 71 m de altura en el inicio del río, con una capacidad instalada de 740 MW. El embalse resultante, de una superficie de casi 13 mil hectáreas, iba a estar formado de la unión de los cuerpos de agua de los lagos Meullín y Yulton, inundando para ello aproximadamente 5.820 hectáreas de terrenos.
Durante casi dos años, tanto la comunidad como los grupos ambientalistas y los servicios públicos con competencia ambiental realizaron centenares de observaciones al mega emprendimiento, entre las cuales unas pocas se referían a la actividad sísmica y volcánica, vinculadas exclusivamente a la presunta (in) actividad de los volcanes Macá y Cay, muy cercanos al embalse artificial, a los riesgos asociados a una reactivación en la zona de falla Liquiñe–Ofqui y la probable “remoción en masa” relacionada a eventos de estas características. Noranda siempre minimizó esos peligros y planteaba que sus represas, concebidas para funcionar por 50 años, podían resistir terremotos de hasta 7 grados Richter. Como sabemos, el río Cuervo nace del desagüe del lago Meullín y desemboca en el fiordo Aysén muy cerca de la Punta Tortuga, dentro de la zona que se ha identificado como el epicentro del enjambre sísmico iniciado en enero y que alcanzó los 6.2 grados el mes pasado.
A mediados de agosto de 2003 Noranda resolvió retirar el proyecto del sistema EIA, pero si Alumysa hubiera sido aprobado, como muchas personas deseaban, una vez conseguido el financiamiento de rigor, suponía un plazo de 60 meses para su construcción y completa puesta en marcha. El inicio de las obras en la central El Cuervo partía el mes uno y finalizaba el 56, es decir contemplaba faenas en ese lugar durante casi todo el periodo y demandaba levantar también un embarcadero en la desembocadura del río en el mar, un camino y un túnel a través del cajón hasta la casa de máquinas en la parte sur del nuevo lago. Otro camino, por el sector del lago Los Palos, llegaría por tierra hasta al (ex) Meullín.
El más optimista de los escenarios para Noranda era obtener la aprobación el año 2003, para comenzar las obras en 2004.
El 21 de abril de 2007 el sector de la desembocadura del río Cuervo hubiera sido un centro de febril actividad, con centenares de viajes de barcazas llevando materiales y miles de trabajadores, principalmente obreros y operadores de maquinaria pesada. Según los planes de la transnacional el promedio mensual de trabajadores era de 3.100 personas (con un máximo de 8.100), muchas de las cuales iban a laborar en el cajón del Cuervo donde hoy es posible apreciar sólo devastación; masas de vegetación y rocas derrumbadas desde las laderas de los cerros, arrastradas por el río que se vierte así turbio a las aguas del fiordo.
Es probable que en tales condiciones Noranda hubiera tenido que adoptar urgentes planes de contingencia (los que no son mencionados en ninguna parte de los 24 tomos de su estudio), que seguramente habrían evitado un elevado número de víctimas pero que, de acuerdo a cómo ha sido enfrentado la emergencia en la práctica, pudo haber representado una tragedia de proporciones muchísimo mayores a las que desgraciadamente conocimos producto del imprevisto terremoto.
Nadie hubiera vuelto a decir que quienes se oponían a Alumysa eran unos alarmistas o que los ecologistas eran unos fundamentalistas.
Noranda, probablemente estaría cobrando los correspondientes seguros internacionales por los daños materiales a un proyecto, que –por suerte- gracias a la oposición de la comunidad, de los servicios públicos y las autoridades de la época, nunca existió. Menos a partir de ahora.

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