LA RADIO
Por: Carlos Pérez Alvarado
Para las personas que han vivido en el norte de nuestro país, como Concepción en mi caso, los temblores son eventos habituales.
Sólo allí yo había experimentado esos eternos segundos en los cuales uno no sabe si el movimiento va a declinar o, espantosamente va a empeorar. Sólo ahí, pensando mil veces más rápido que lo normal uno se acuerda que hay que abrir las puertas como se recomienda, protegerse de los vidrios de las ventanas, no perder la calma, evaluar una vía de escape si es que empiezan a caer las vigas desde el cielo y cortar la luz para evitar cortocircuitos. Sólo ahí nos damos cuentas que la linterna ni la radio a pilas están a mano y que –en definitiva- nunca estamos total y responsablemente preparados para enfrentar fenómenos de la naturaleza, como éstos que ahora se han venido a instalar en nuestra región de Aysén.
Afortunadamente los temblores, todavía (y ojalá que nunca), han alcanzado el rango de terremoto; la luz ha vuelto rápidamente en los pocos sectores donde se ha cortado, los teléfonos se han saturado por sólo breve minutos, la radio y la internet no se han interrumpido y la calma, tensa al principio, siempre ha vuelto.
A pesar de ello, solamente en Concepción había experimentado el susto que sentí la noche del domingo pasado cuando se produjo uno de los más fuertes sismos de esta ola que comenzó a fines de enero. En forma automática uno desea comunicarse con familiares y amigos, sobre todo si son de Puerto Aysén o Puerto Chacabuco, donde –como sabemos- se encuentra localizado el epicentro de todas estas sacudidas de la Tierra.
Obviamente es entendible el nivel de ansiedad o stress de la gente que vive en esos lugares, sin embargo ellos ya ha comenzado a prepararse y tomar medidas preventivas mucho más seriamente que en Coyhaique donde sólo con “avisos” como los del domingo, volvemos a preguntarnos qué haríamos los coyhaiquinos si un desenlace nos afectara más allá de lo que tenemos calculado.
En la capital penquista, hay un periodista muy conocido que se llama Salvador Schwartzmann que siempre está atento a informar ya sea una protesta en la Universidad al mediodía o un temblor a las 4 de madrugada, a veces directamente desde la oficina de emergencia, algo que casi no se puede creer. Cuando pasa algo inesperado uno prende la radio y espera a que don Salvador informe lo que ocurre. Con la actual emergencia, en Puerto Aysén se ha pensado en eso y durante estos días radioemisoras locales están atentas a llevar la noticia oportuna que la gente espera para su tranquilidad.
Mientras no tengamos una potente televisión regional con recursos técnicos y humanos necesarios para cubrir acontecimientos como éstos, sería muy bueno que en la capital regional existiera una radio con cobertura regional, idealmente una red de emisoras locales, la cual puede ser contratada por los organismos de emergencia del Estado, con un grupo electrógeno disponible por si acaso y profesionales disponibles para estar detrás de los micrófonos a cualquier hora del día, informándonos todo lo que se relacione con la emergencia.
Si las autoridades pertinentes, tanto de la Intendencia como de la gobernación de Puerto Aysén toman sus respectivos y obligatorios puestos de trabajo, una de de sus principales responsabilidades es entregar la necesaria y oportuna información que la gente necesita. Siendo las 22:50 Hrs. efectivamente eso sucedió este domingo, pero se requiere que el mensaje se transmita a través de la mayor cantidad de medios posibles, no importando la hora.
Probablemente lo que más desea la población en estos casos es; Prender una radio (a pilas si es necesario) y escuchar el reporte de los posibles daños materiales y a las personas y, eventualmente, enterarse de las medidas de contingencia que se tengan preparadas. Es lo que esperamos todos. Porque de los medios del resto del país, mejor olvidarse.

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