AL CONTRARIO
Por: Carlos Pérez Alvarado
No cabe duda que las fuertes críticas que se han hecho sentir desde distintos ámbitos en contra del centralismo y la despreocupación del gobierno por las regiones, que hoy se manifiesta fuertemente a través de la excesiva preocupación por un tema puntual –el Transantiago-, aceleró el envío de un proyecto de Ley que está especialmente pensado y dirigido “al resto” de Chile. Éste incluye la eliminación numérica de las regiones, algo que me parece excelente ya que, entre otros beneficios, nadie más hablará erróneamente de la “onceava” región para referirse a Aysén. También, lo más importante, propone la elección popular de los Consejeros Regionales.
A primera vista la idea parece buena. Se podría pensar que así es como la democracia se consolida en las bases y se desarrolla la participación ciudadana. El Consejo Regional toma decisiones importantes como las de asignar, con criterio local, los recursos que el Estado le entrega a través del Fondo Nacional de Desarrollo Regional (FNDR). En rigor, la creación de esta institución ha sido uno de los pocos logros significativos que se han conseguido de las numerosas y poco efectivas políticas de descentralización que se han intentado en nuestro país. Que ahora sus miembros se puedan elegir democráticamente debería constituirse en otra conquista para las regiones (incluyendo a la metropolitana).
Sí, puede ser muy útil elegirlos mediante el voto ciudadano, pero a mí lo que me preocupa es saber si tal proceso se va a llevar a efecto utilizando el mismo sistema electoral binominal que es el que actualmente nos rige, y que hasta el momento ha sido imposible modificar. Si ello no ocurre los miembros del Consejo Regional se elegirán de la misma manera que sucede en las elecciones presidenciales, parlamentarias o municipales.
El sistema binominal, aunque la gente de derecha diga que ese es un tema que “no le interesa a la gente” o que su vigencia le ha dado “estabilidad” a nuestro país, como dicen los que se han beneficiado de él, es fundamental que sea reformado. Cuanto antes, mejor. Este sistema es el responsable de que en nuestro país el poder lo hegemonicen sólo dos corrientes políticas, en este caso la Alianza y la Concertación. Al igual que en EE.UU., donde sólo existen los Demócratas (que son de derecha) y los Republicanos (que son de extrema derecha), en Chile también quedan excluidas completamente las opciones de una tercera o cuarta o quinta forma de ver la política, como en realidad dicta la razón y como siempre fue en nuestro país, o como es en gran parte del mundo.
Las chilenas y chilenos, con contadísimas excepciones, estamos condenados a tener por siempre senadores y diputados, presidentes o presidentas, alcaldesas y –pronto- consejeros regionales que pertenecen o la Concertación o a la Alianza ¿Qué pasa con los que no se sienten identificados con alguno de estos dos conglomerados, o han cambiado de opinión? Muchas veces votamos pero no elegimos. Acuerdos previos definen a los ganadores en Santiago y la votación es un mero trámite de ratificación entre los dos nombres que corren como pilotos y –lejos- con mejores autos, es decir la alianza de derecha y la Concertación. Los copilotos por su parte en muchas ocasiones lo único que desean es quitarle el volante a su compañero. Otras veces los corredores ni siquiera llevan acompañante.
Aunque la idea es hacer coincidir la primera elección de consejeros con las municipales de 2008, cuando tengamos que votar los candidatos con más opciones seguirán siendo de los de la UDI y RN si son de la Alianza, o de la DC, el PS, el PPD o el Partido Radical si pertenecen a la Concertación. La publicidad callejera será la misma, las franjas televisivas serán igualmente discriminatorias con los independientes, se repetirán las negociaciones entre las cúpulas para llevar candidatos aquí o allá, tales distritos para la DC, esta circunscripción es para la UDI y Santiago vale cinco regiones, etc.
Cualquier alternativa que no se identifique con alguno de estos dos grupos, incluyendo -porqué no- un “Partido Regional Patagón”, se verá otra vez perjudicada por este sistema injusto y nefasto que le impide participar a todos en las mismas condiciones, sin discriminación en el financiamiento y en los espacios para difundir sus puntos de vista.
Si antes no cambiamos el sistema electoral binominal, sinceramente no veo muchas ventajas en elegir a los Consejeros Regionales por votación popular. Al contrario.

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