Patagonia Reverde

Sunday, July 13, 2008

UNA BURBUJA
Por: Carlos Pérez Alvarado

A pesar de encontrarse en el tercer piso del edificio del MOP, en Coyhaique, es seguro que el Ministro del Interior pudo escuchar perfectamente los gritos de la manifestación en su contra efectuada por un grupo de personas en las afueras (me incluyo), premunidos de lienzos y pancartas bajo una intensa lluvia. La protesta fue más bien pequeña, absolutamente espontánea, pero muy bulliciosa, con tambores y megáfonos. Sin duda a Edmundo Pérez Yoma le deben haber molestado algunas frases, que en realidad son bastante comunes, típicas y poco originales, pero adaptadas a su caso, así como unos pocos chilenismos algo subidos de tono (los menos).

No sería raro que él y su equipo de “seguridad” temieran de antemano un eventual acto de desaprobación a su visita. Si así fuera es porque implícitamente reconocen que las recientes declaraciones de esa autoridad nacional (y las de otros) respecto al tema de las represas en Aysén no han caído bien en un amplio sector de la población de esta región, que las consideramos un abierto e ilegítimo respaldo a Endesa-Colbún. Tampoco sería extraño que se hayan preparado especialmente para tal eventualidad, de otra forma no se explica el despliegue absolutamente desproporcionado de carabineros que llegaron al lugar equipados con cascos y chalecos antibalas como si fueran a enfrentar un tremendo peligro al orden público. Como si eso no fuera suficiente, a pocos metros estacionaron su inconfundible micro verde oliva (que debe ser la única en el país que no tiene signos de piedrazos en su carrocería), como una abierta forma de intimidación en contra de los manifestantes, objetivo que finalmente consiguieron con la detención a todas luces arbitraria del periodista Patricio Segura, después de obligarnos -a empujones- a desplazarnos hasta la Plaza de Armas.

Pero estos gritos y otras formas de protesta, que para algunos funcionarios sorprendidos o fastidiados son realizadas por grupos “ambientalistas minoritarios que se oponen al desarrollo del país” no son inéditas en esta apartada región de Chile, recordemos por ejemplo lo ocurrido hace justo un año cuando la Presidenta Bachelet fue recibida con banderas negras en las afueras del consultorio de salud de Puerto Chacabuco y en la plaza de Puerto Aysén, como respuesta a su discutible desempeño y tardía respuesta en la emergencia sísmica registrada en el Fiordo. Las movilizaciones de los pescadores artesanales son frecuentes y hace unos días el Sindicato de Trabajadores de Salmones Antártica se tomó las dependencias de la Gobernación Provincial, frente a los despidos masivos que está efectuando esa empresa, mientras otro centenar de personas marcharon por sus calles para mostrar su descontento.

Ahora, si examinamos lo que está sucediendo en el resto de nuestro país, la lista puede alargarse demasiado. Basta ver la TV para enterarnos -al menos- de los principales conflictos que se están produciendo hoy día mismo, como el de los trabajadores subcontratistas de Codelco, los pescadores de Valdivia y Mehuín, los paros de la salud y el resurgimiento de las protestas de los estudiantes secundarios y universitarios en las principales ciudades de Chile. Algunas movilizaciones ya forman parte de la agenda noticiosa cotidiana, como las vistosas protestas de los deudores habitacionales o los espontáneos reclamos de los atribulados usuarios del Transantiago. Hay otras, especialmente las que ocurren fuera de la capital y que apenas tienen cobertura en los medios de comunicación, a pesar de ser gravísimas y más conocidas en el exterior que en Chile, como las acciones del pueblo mapuche en la región de la Araucanía y del Bío-Bío, o cualquier otra que tenga ribetes ambientalistas. Entonces, uno se pregunta ¿qué sucede con este gobierno que parece empeñado en minimizar todos estos actos o derechamente intenta reprimirlos y desprestigiarlos?

Lamentablemente los medios de comunicación colaboran de forma muy sospechosa con esa política y sus informes, la mayoría de las veces, se relacionan con los efectos negativos que ellos tienen sobre la población, por ejemplo mostrando majaderamente a las inocentes y circunstanciales víctimas que se quedan sin atención médica por un paro de la salud, alentando así el repudio de la gente a estas formas de lucha. Otra acción recurrente es alertarnos sobre los millones de dólares que pierde el país con la paralización de la minería del cobre, sin que jamás se hayan preocupado por revelarle a los chilenos cómo las transnacionales mineras han sacado al exterior miles de millones de dólares gracias a las políticas neoliberales que las benefician. La prensa dominante pocas veces nos informa acerca de las reales causas que están detrás de todas estos movimientos sociales y –por el contrario- se dedican a resaltar cualquier acto vandálico que pueda producirse en su desarrollo.

Queda la impresión que las autoridades de gobierno, con la valiosa ayuda de algunos medios de comunicación, piensan que todas estas manifestaciones se realizan únicamente para “molestar” a la Presidenta de la República y que La Moneda es una burbuja desde donde no quieren aceptar que Chile no marcha todo lo bien que ellos afirman. Así se lo quisimos hacer saber al Sr. Pérez Yoma aquí en Coyhaique y sólo pudimos comprobar que el Ministro no quiere escuchar las críticas y opta, como es su costumbre, por enviarnos la fuerza pública para acallarnos. Obviamente, ese no es el camino.

Radio Santa María, 25.04.08

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