UN DISCURSO NUEVO, POR FAVOR
Por: Carlos Pérez Alvarado
En pocos meses (en octubre de este año) se van a celebrar elecciones municipales en todas las comunas de Chile para elegir nuevos alcaldes y concejales. Ante tal acontecimiento asoman sin demora algunos interesados, rostros generalmente conocidos que, por ejemplo, empiezan a utilizar con mayor frecuencia espacios que se les ofrecen o derechamente buscan, para opinar públicamente sobre el deficiente desempeño de las autoridades actualmente en ejercicio, quedando así en evidencia sus intenciones de decir “yo también quiero ser Alcalde”, “yo puedo hacerlo mejor”. En muy poco tiempo comenzaremos a oír frases como “mucha gente me pidió que aceptara esta candidatura, así que no les puedo fallar”, honestamente carentes de credibilidad o sinceridad. Nada de esto es novedad.
En casi 20 años la democracia chilena, la política y todos sus procesos de elección popular se han transformado en un rito demasiado predecible y esas frases no son fruto de la ironía o la sorna, es cuestión de revisar la prensa antigua para comprobarlo. Nuestro país, por alguna extraña razón, parece vivir los 365 días del año pendiente en las “candidaturas” de todo tipo; a Presidente, a Ministros, a Intendente, a Seremi, a Director de Servicio, etc. Tanto así que apenas asumida la actual Presidenta Michelle Bachelet comenzó inmediatamente la carrera presidencial siguiente, la que recién se van a llevar a efecto a fines del próximo año.
En octubre, si no ocurre nada extraordinario, veremos otra vez las calles inundadas de publicidad gráfica en los postes de la luz o en los jardines de las plazas y avenidas con las fotos de los aspirantes, acompañados de figuras nacionales muy conocidas, igual como viene ocurriendo desde hace dos décadas. Las medios de comunicación tendrán otra vez la oportunidad de ganar algo de dinero con los anuncios pagados de estos candidatos, lógicamente después de que hayan pasado por el necesario y a veces traumático proceso de seleccionar entre un lote de gente que también estará interesada en postularse. Y si esto ya es conocido, previsible, tampoco lo será comprobar que los principales aspirantes, es decir los que tendrán mayores opciones de ganar, serán los que pertenecen a los partidos tradicionales, esto es, de las coaliciones de gobierno y de la oposición; los únicos que pueden contar con recursos monetarios suficientes para financiar esas millonarias campañas. Esos dineros, también lo sabemos, provienen principalmente de empresas privadas y centralizadas en la capital, que no acostumbran a hacer nada gratis.
Para que todo esto fuese diferente es necesario reformar el actual sistema electoral binominal antes de octubre, sin embargo nada serio de eso se ha sabido hasta el momento y podría ser que ello tampoco ocurra antes de las próximas presidenciales. El escaso interés que existe por legislar al respecto queda demostrado con la lista de potenciales candidatos, tanto a las municipales como a las presidenciales que hoy son destacados públicamente, que van a todos los programas de televisión, que les hacen entrevistas en los principales medios escritos, que –precisamente por eso- son los que figuran en todas las encuestas de opinión, y que, al final de cuentas, son los mismos que han estado siempre en carrera.
Con todo, lo más preocupante es que lo que igualmente tiene muy pocas posibilidades de cambiar son los temas de campaña, o los “programas” de gobierno nacional o comunal, si se prefiere. Tal vez, justamente ahí, es donde pueden comenzar a establecerse las diferencias entre los aspirantes a los cargos de elección popular; un discurso realmente nuevo -¡por favor!- que parta por denunciar y de verdad trabajar por la modificación de este sistema electoral excluyente así como de todas las instituciones que no están cumpliendo con el objetivo de una participación ciudadana efectiva y eficaz, como debiera ser en un régimen democrático legítimo.
Radio Santa María, 02.05.08

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