Patagonia Reverde

Sunday, July 20, 2008

OTRAS SOLUCIONES
Por: Carlos Pérez Alvarado

Antes que Eduardo Frei y Carlos Menem firmaran el –ahora- polémico protocolo gasífero hubo un acuerdo previo entre los empresarios y el Gobierno en el que se apostaba por ésa fuente de energía para sus industrias y comercios. A los inversionistas el suministro, a través de gasoductos que atravesarían la cordillera de Los Andes, les iba a resultar muy barato y confiable, por muchos años. De todas formas, por seguridad, los sistemas iban a estar preparados para que, ante cualquier percance en el abastecimiento la productividad no se detuviera. Para ello se adaptaron las llamadas fuentes de “ciclo combinado” que funcionan indistintamente con gas o con petróleo, respaldándose entre sí.

Ahora, todos sabemos que Argentina ya casi no envía ese gas, situación que ha motivado una serie de actitudes de repudio y rechazos, la mayoría infundados. En rigor el acuerdo firmado por ambos Presidentes estipula que el envío hacia Chile del hidrocarburo quedaba supeditado al consumo interno trasandino. No hay nada que alegar, aunque sí se podría -y con razón- cuestionar el craso error cometido por Frei al no prevenir lo ocurrido (aunque existen pruebas de que sí fue advertido de la probable incapacidad argentina de abastecer en el futuro las demandas de ambos países).

Actualmente las grandes industrias, especialmente en la periferia de Santiago, no tienen otra opción que funcionar con energía proveniente del petróleo. Un mall, por ejemplo, que consume una enorme cantidad de electricidad en iluminación y aire acondicionado tiene que ser satisfecho en su demanda no importa cómo, y, ojalá, de la forma más económica posible. En caso contrario se detendría el consumo, habría enormes pérdidas económicas y eventualmente se podría desatar un caos generalizado.

Así que, con el precio del petróleo por las nubes y sin el gas argentino el panorama objetivamente parece oscuro y poco alentador. Ya se empieza a hablar de “crisis” y el temor a “quedar a oscuras”, como insistentemente difunden los medios de comunicación, no es menor. Pero, sin duda, ese miedo hoy día es incrementado de forma muy provechosa por los partidarios de la construcción de represas (incluyendo, claro que sí, a esa prensa interesada), con el mañoso fin de justificarlas o presentarlas como inevitables. De todas formas es obvio que las represas no resolverían el problema de hoy ya que, en mejor escenario para Endesa-Colbún, la primera de ellas no estaría lista antes del año 2014

La pregunta es; ¿qué hacer los próximos 6 años para estar a salvo de una desgracia como la que anuncian?

Cuando se exigen alternativas a la generación de hidroelectricidad, siempre se mencionan las mismas; las energías solar, eólica, mareomotriz, nuclear, biomasa, hidrógeno, etc. A distintos costos, nuestro país tiene el potencial para desarrollarlas casi todas y solo haría falta una eficiente política energética asumida como tarea por un gobierno realmente responsable y –sobre todo- previsor. Pero existen dos alternativas más que, extrañamente, nunca son mencionadas; la primera es conseguir un mejor precio del petróleo y la segunda reemplazar el gas argentino por el peruano o el boliviano. Con ello se aplacaría casi de inmediato la presion de los actores productivos, obteniéndose a la vez un tiempo valioso para que las autoridades repiensen o se comprometan a concretar un Plan Estratégico de Energía realmente inteligente, y urgente.

Lamentablemente, la Presidenta Bachelet ya se encargó de descartar cualquier acuerdo con el presidente de Venezuela quien ofreció este recurso a precios preferenciales como un aporte en la solución del fallido Transantiago, para empezar. Por otra parte, Chile se ha restado de participar en acuerdos de integración energética con ese país -y otros- a través de proyectos como el Gasoducto del Sur o Petrosur. Mientras tengamos una política exterior aislacionista también estaremos descartando una buena y pronta solución a los altos costos de la energía en nuestro país. Si eso ya es criticable, más difícil resultaría hoy día considerar la opción del gas de Bolivia, justo en la zona vecina a las grandes mineras donde más lo requieren, debido a motivaciones patrioteras absurdas y pasadas de moda.

Cualquiera de esas dos opciones acabaría con las penurias no sólo de los empresarios, sino de los ciudadanos que se beneficiarían de tarifas eléctricas más bajas, y los ríos de Aysén de ser represados. Estas soluciones obviamente no les convienen a los mercaderes de la hidroelectricidad, ni a los que sólo piensan en los votos de las próximas elecciones.

Radio Santa María, 19.07.08

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