Patagonia Reverde

Sunday, July 13, 2008

MOVILIZACIONES Y DESINFORMACIÓN
Por: Carlos Pérez Alvarado

¿Se ha fijado Ud. la forma en que se informa sobre las movilizaciones ciudadanas (que se producen cada día con mayor frecuencia en nuestro país) a través de los medios de comunicación nacionales?

Es cosa de prender la TV en la mañana; entre todos los canales, en medio de tanta farándula y nimiedades es muy difícil encontrar noticias (en vivo) relacionadas con alguna movilización en desarrollo, o con la explicación o el debate de las causas que las provocan, excepto si en ella ocurren desórdenes serios, es decir; guanacos lanzando gases lacrimógenos, encapuchados tirando piedras o bombas molotov, destrucción de la propiedad privada y heridos. De esta manera Las marchas y protestas quedan en primer lugar gravemente silenciadas u omitidas, y en segundo, desprestigiadas o criminalizadas.

Lo peor de todo es que este tipo manifestaciones sociales no tendrían porqué verse afectadas por ninguno de estos dos vicios, que son pilares inherentes de una franca desinformación. Más aún, en beneficio de una sociedad realmente democrática estas restricciones al irrenunciable derecho a estar informados no debieran ser permitidas o amparadas, especialmente si consideramos que muchos de los cambios y reivindicaciones en nuestro país se han conseguido gracias a la legítima movilización de su población.

Excepciones hay por supuesto; la inesperada y descomunal irrupción de los estudiantes secundarios en las calles de Chile en 2006 fue tan gigantesca que los medios de comunicación no pudieron desatender el verdadero fenómeno en el que se estaban transformando estas marchas. Aunque, si recordamos bien, durante los primeros días cuando aún eran pocos, los manifestantes fueron reprimidos enérgicamente por las fuerzas policiales y muchos de ellos detenidos por provocar destrozos en la vía pública, los responsables –como siempre- nunca son conocidos por la opinión pública.

Después vinieron las tomas de liceos, las (saludables) asambleas donde se discutían los motivos de la movilización y las próximas acciones, rompiendo así el silencio informativo inicial y consiguiendo finalmente que el Gobierno se viera obligado a formar una nutrida Comisión de actores relacionados con la educación y ofrecer al país una solución definitiva al asunto (lo que, hasta hoy, sigue pendiente). Con todo, el “estigma” de que los estudiantes utilizan métodos violentos de presión en sus causas no ha podido ser erradicada cabalmente de la percepción ciudadana y de ello, evidentemente, son responsables de manera solidaria la prensa en general y el propio gobierno.

Trayendo el tema al plano regional, muy probablemente el paro de la locomoción colectiva en Coyhaique y Puerto Aysén no va tener repercusión nacional y nuestros conciudadanos de Talca o Vallenar nunca se van a enterar de lo sucedido en la remota Patagonia, ni sabrán qué es lo que reclamaban los trabajadores del transporte público. La diferencia con el caso de los estudiantes secundarios (y ahora también de los profesores), es que los usuarios de la locomoción colectiva, acá en Aysén, tenemos bien claro que las demandas de los conductores y empresarios del transporte son muy simples y justas; Lógicamente, como en cualquier parte, ellos no hacen beneficencia y el alza de los combustibles los obliga a subir las tarifas; en suma, aunque termina afectando los bolsillos de todos nosotros, la culpa de no es de ellos.

A pesar de contar con un periodismo mucho menos contaminado, más objetivo e imparcial que el que practican los medios de comunicación nacionales dominantes, visiblemente lo que en Aysén todavía nos falta es trabajar por la unidad. Como la de los pingüinos, que vencieron con ellas la desinformación que practican la prensa centralista de la capital con la que parecen intentar la construcción de un cerco mediático que anule el descontento social y que, a la vez, supone evidentes muestras de nerviosismo en la clase gobernante.

Radio Santa María, 11.07.08

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