Patagonia Reverde

Sunday, July 13, 2008

HACIA ASIA
Por: Carlos Pérez Alvarado

En su reciente viaje a China para firmar un acuerdo complementario al Tratado de Libre Comercio establecido entre Chile y esa potencia asiática en 2005, la Presidenta Michelle Bachelet afirmó que el Estado chileno "se adhiere firmemente a la política de una sola China, respeta la soberanía e integridad territorial de la República Popular China y reconoce que Taiwán y Tíbet forman parte de China".

Tal vez esta noticia en pocos días ya no sea una preocupación nacional y el gobierno espera que al menos los empresarios que acompañaron a la Mandataria puedan comenzar muy pronto a disfrutar de los frutos de ese acuerdo porque, para la mayoría de la población, los problemas políticos que tengan los chinos no son una prioridad. Por eso esta visita es una excelente oportunidad para enterarnos algo más acerca de lo que sucede al otro lado del mundo, especialmente si nuestro país está involucrado.

Partamos diciendo que es muy posible que las declaraciones de la Presidenta no hayan sido del agrado del pueblo y el gobierno de Taipei, capital de una isla de 23 millones de habitantes llamada Formosa, considerada una provincia “rebelde”, que se separó de la China continental en 1949 tomando el nombre de Taiwán, sin que haya sido nunca reconocido como Estado por la ONU.

Es que para la actual administración (y las anteriores), la diplomacia parece tener bastante menos prioridad que los eventuales negocios que se pueden hacer con una nación de más de 1.300 millones de “consumidores”. Así que, si lo taiwaneses se enojan, las consecuencias, dentro de esta lógica, se pueden considerar un mal menor; Son “solo negocios” y de ello existen numerosos ejemplos en los que importantes funcionarios de los últimos gobiernos han establecido claramente la división entre política y comercio internacional, el que –según esa manera de pensar- contribuiría a mejorar las condiciones de vida de nuestra población.

En el caso de Tíbet, región autónoma de China con menos de 3 millones de habitantes, el tema indudablemente es más complejo y tal vez “remoto”. A pesar de lo que digan los medios occidentales, cuyos contenidos son repetidos por nuestros periodistas y comentaristas sin cambiarles una coma, la historia no es de tanta opresión como se la pinta y para comprobarlo solo basta escarbar en las fuentes de información alternativas y en su pasado feudal y esclavizante y su presente teocrático. La prensa dominante nada dice acerca de la situación de sus mujeres o de las minorías chinas que viven allí. Se tergiversan las imágenes de represión al punto de mostrar al mundo a policías nepaleses haciéndolos pasar por chinos, apaleando monjes en antiguas manifestaciones de las que nadie se había enterado (www.anti-cnn.com).

La situación anterior no sorprende para nada si tenemos en cuenta que China es una potencia cuya economía muy pronto va a ser la más importante del planeta. A raíz de los próximos JJ.OO. a celebrarse en agosto en su capital Beijing, parece haber aflorado un nuevo sentimiento de solidaridad con “otro” pueblo invadido y sometido a vejámenes y atropello a sus derechos humanos, como una moda, sin embargo nadie mueve un dedo en contra de terribles genocidios como el palestino, afgano, checheno o iraquí, por nombrar los principales. China no es ningún ejemplo de bondad, al contrario, pero este en caso es claro que las potencias occidentales tratarán de desautorizar a su gobierno (ex) comunista sin ver la viga en su propio ojo. Probablemente la imagen más cercana que tengamos algunas personas de ese lejana región del Himalaya es la entregada por Hollywood, en películas como “7 años en el Tíbet”, basada en el libro autobiográfico del alpinista austriaco Heinrich Harrer quien en la vida real se relacionó directamente con los nazis y trabajó con Hitler en definir parte de su historia. Todo lo demás es información confusa e interesada.

Coincidente con la visita de Michelle Bachelet y sus declaraciones en Beijing que significaron un apoyo explícito a las autoridades chinas, sería oportuno recordar que cuando se le preguntó una vez al alpinista Harrer por su pasado éste afirmó que lo suyo era “sólo deporte”. El resto no importa, ¿no le suena conocido?

Radio Santa María, 18.04.08

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