EL CAMINO
Por: Carlos Pérez Alvarado
Tras la inesperada erupción del volcán Chaitén han surgido con mucho más fuerza los insistentes llamados a comenzar urgentemente la construcción del camino que una Puerto Montt con esa desafortunada ciudad y -por extensión- conectarlo al camino austral que atraviesa de manera continua la región de Aysén hasta Puerto Yungay. La así llamada y tan mentada “conectividad terrestre” ha sido una materia extremadamente recurrente en el debate público, no solo entre parlamentarios, políticos y autoridades, sino de variados sectores de la comunidad aysenina, a los que hay que agregar otros de la provincia de Palena. La posibilidad de llegar por tierra hasta la capital de la X región se ha transformado en un anhelo para mucha gente y esos deseos, lógicamente, son recogidos y enarbolados como bandera de lucha por todos ellos. Esas aspiraciones por lo demás completamente legítimas, no pocas veces son perseguidas de forma mañosa, incluso tendenciosa.
La unión por tierra con el resto del país no debería tener detractores y por ello es absolutamente injusto asociar –por ejemplo- la campaña Patagonia sin Represas con una supuesta acción orquestada y generalizada “anti-conectividad”, como sostiene el Senador Antonio Horvath y algunos otros. Lo uno no implica necesariamente lo otro, aunque las suspicacias porque este tema haya “explotado” recién hace un par de años, coincidentemente con la necesidad que tiene HidroAysén de trasportar 2.750 MW de energía eléctrica hasta Santiago y que el ex Ministro del MOP Eduardo Bitrán haya dirigido la empresa Transelec encargada del proyecto del tendido de alta tensión, puedan resultar justificables, o -al menos- generan legítimas sospechas.
En estricto rigor ha sido la complicada geografía de la zona la principal causante de que esta iniciativa permanezca todavía sin concreción, a pesar de que se ve técnicamente mucho más factible que conectar Punta Arenas (ciudad que de acuerdo a ese criterio falaz, de una imprescindible conectividad, estaría condenada al subdesarrollo). Sin embargo, independiente de cualquier polémica al respecto, construir ese camino implica un proceso inevitablemente largo y complejo. Las alternativas que se barajan son todas muy complicadas y caras, y requerirán de miles de toneladas de dinamita para romper milenarias rocas y las faenas durarían varios años. Además, cualquiera de esos proyectos forzosamente debería ingresar al Sistema de Evaluación de Impacto Ambiental, donde debe cumplir estrictamente con todas sus etapas, incluyendo la tan cacareada participación ciudadana, si es que de verdad nos regimos por el actual “Estado de derecho”. Los acérrimos defensores de tal conectividad ¿Quieren saltarse todo eso? ¿Acaso buscan un “fast-track” o vía rápida que omita esta obligación?
Más aun, a raíz de lo ocurrido en Chaitén los argumentos en favor del camino no son ni siquiera aplicables debido a que, de haber estado efectivamente construido, por la rapidez de los acontecimientos no hubiera podido usarse por encontrarse dentro del radio de seguridad y, con varios centímetros de cenizas caída en pocas horas, hubiese sido imposible transitarlo. De hecho, hoy nadie podría viajar a Puerto Montt por ese camino, aunque estuviese construido.
Hemos visto que la exitosa evacuación de casi 5 mil personas efectuada eficiente y profesionalmente por las autoridades y las FF.AA. por la vía marítima, se realizó en barcazas y en buques de la Armada hasta Quellón, porque era la forma más rápida y lógica. Ni siquiera fue posible sacar a la gente de Futaleufú hasta Chaitén, porque es imposible acercarse hasta la costa, por lo que esa operación debió hacerse por Argentina.
La ansiada ruta va a demorar en concretarse más aún con lo sucedido en Chaitén y lo objetivo y real es que tal camino hoy no existe. En tales circunstancias mejor sería que las preocupaciones de nuestros parlamentarios y políticos se centren en lo que va a suceder con el flujo de turistas el próximo verano considerando que Chaitén es la puerta de entrada a nuestra región, o en el daño que la catástrofe va a significar para la industria salmonera, los efectos ambientales en los ríos hoy lechosos que albergaban a miles de pescadores venidos desde muchos lugares de Chile o el mundo, o el impacto sobre la ganadería de la zona. Finalmente, es sencillamente egoísta, inaceptable y vergonzoso intentar obtener dividendos políticos de esta desgracia que todavía no es posible dimensionar en su totalidad.
Radio Santa María, 09.05.08

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