Patagonia Reverde

Sunday, July 13, 2008

CHILE CHICO Y CHAITÉN
Por: Carlos Pérez Alvarado

Mientras aún continúa la actividad volcánica en Chaitén resulta inevitable recordar lo sucedido en nuestra región en agosto de 1991 con la erupción del volcán Hudson. Así como las características telúricas del fenómeno son similares, ambos episodios también son parecidos en muchos otros aspectos, como los geográficos, económicos y culturales. Las personas afectadas y el entorno de esa zona nos resultan totalmente cercanos, a pesar de la distancia y la incomunicación, Chaitén o Futaleufú podrían ser perfectamente cualquier ciudad de la región de Aysén. Tal vez por eso es que muchas de las situaciones vividas durante el Hudson resultan hoy día familiares para mucha gente, especialmente cuando vemos esa columna de cenizas y rayos emanado hacia el cielo y precipitando sobre las casas, plazas y escuelas de esos pueblos, como aquella vez ocurrió en Chile Chico, Puerto Ibáñez, Cajón Cofré, Río Manso y Cerro Castillo.

Como a Chaitén, también esa vez un Diputado, don Carlos Dupré de la DC, propuso trasladar de lugar a Chile Chico con toda su gente, algo que parecía tan descabellado como lo que planteó el entonces Senador Hugo Ortiz de RN en la radio recién llegado a esa ciudad, afirmando que, a pesar de todo la desgracia podría traer algún beneficio ya que las cenizas del volcán podían servir para pavimentar todas sus calles, de acuerdo a unos expertos que él había consultado. A Chile Chico la primera autoridad de “peso” arribó recién casi una semana después y fue el entonces Subsecretario de Gobierno Belisario Velasco, mientras que en Los Antiguos ya había estado el Presidente Carlos Menem (Patricio Aylwin llegó recién en octubre). Inolvidables serán los gritos y reclamos en contra de Velasco por la tardanza y el desinterés mostrado por el Gobierno en su encuentro con la comunidad en el gimnasio local. Al igual que en el caso de Futaleufú mucha gente de Chile Chico, sin que hubiese habido una orden presidencial de evacuar, se embarcó en numerosos buses hacia el norte, por Argentina. Algunos no volvieron jamás.

De la misma forma que hace 17 años el recurrente tema de la conectividad hoy día se menciona insistentemente y se alzan voces para exigir la construcción inmediata del camino inconcluso entre Chaitén y Puerto Montt. Sin embargo, en ese ámbito, muy pocos cambios han habido desde la erupción del Hudson hasta la actualidad para unir de una forma más expedita la ciudad del sol y el resto de la región de Aysén, y el país.

Para llegar a Chile Chico siguen existiendo las mismas formas; por Argentina, por “Chile” y por barcaza (además del avión, que hay que contratar especialmente, a diferencia del 91 cuando existían vuelos de itinerario). Por Argentina el mentado corredor bioceánico sigue siendo un anhelo y el nivel de integración con el país vecino es escaso. Dando la vuelta de 400 Km. por el paso Las Llaves, en el periodo se han agregado algunos Kms. de pavimento (hasta Cerro Castillo) y algunas mejoras menores en el resto, sin embargo estamos condenados a esperar acaso décadas hasta ver todo ese tramo consolidado como una ruta de real comunicación, a pesar del alto valor paisajístico e inmensa potencialidad turística que posee. En todo caso hay que tener presente que durante la erupción del Hudson el camino (de ripio todavía) reventó en Vista Hermosa y fue imposible transitarlo entre Cerro Castillo y Murta por varios días debido a las cenizas, como hoy ha ocurrido con los tramos del Camino Austral cercanos a Chaitén.

Finalmente por barcaza, lejos de resolver la necesaria “conectividad lacustre”, la misma “Pilchero” que funciona desde el año 1961 ya no soporta más reparaciones y sólo está faltando que algún día tenga una falla demasiado grave, con consecuencias impensables. En el intertanto, sin que la comunidad fuera consultada y sin que ni siquiera la mayoría de su población se llegara a enterar, el Congreso ratificó la privatización de Transmarchilay y tanto esta ruta, Puerto Ibáñez–Chile-Chico, como la de Chacabuco–Puerto Montt, que eran operadas por el Estado, pasaron a ser responsabilidad de empresas privadas, las que siempre priorizarán el lucro por sobre el bien social.

Por todo ello, aunque es obligatorio reconocer una atención muchísimo más oportuna y eficiente de las autoridades con apoyo de las FF.AA. en el caso de la catástrofe de Chaitén, lo que no sucedió el año 91, también hay que poner mucho ojo con las promesas demagógicas y con el uso político de estas desgracias.

Radio Santa María, 24.05.08

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