Patagonia Reverde

Sunday, July 20, 2008

OTRAS SOLUCIONES
Por: Carlos Pérez Alvarado

Antes que Eduardo Frei y Carlos Menem firmaran el –ahora- polémico protocolo gasífero hubo un acuerdo previo entre los empresarios y el Gobierno en el que se apostaba por ésa fuente de energía para sus industrias y comercios. A los inversionistas el suministro, a través de gasoductos que atravesarían la cordillera de Los Andes, les iba a resultar muy barato y confiable, por muchos años. De todas formas, por seguridad, los sistemas iban a estar preparados para que, ante cualquier percance en el abastecimiento la productividad no se detuviera. Para ello se adaptaron las llamadas fuentes de “ciclo combinado” que funcionan indistintamente con gas o con petróleo, respaldándose entre sí.

Ahora, todos sabemos que Argentina ya casi no envía ese gas, situación que ha motivado una serie de actitudes de repudio y rechazos, la mayoría infundados. En rigor el acuerdo firmado por ambos Presidentes estipula que el envío hacia Chile del hidrocarburo quedaba supeditado al consumo interno trasandino. No hay nada que alegar, aunque sí se podría -y con razón- cuestionar el craso error cometido por Frei al no prevenir lo ocurrido (aunque existen pruebas de que sí fue advertido de la probable incapacidad argentina de abastecer en el futuro las demandas de ambos países).

Actualmente las grandes industrias, especialmente en la periferia de Santiago, no tienen otra opción que funcionar con energía proveniente del petróleo. Un mall, por ejemplo, que consume una enorme cantidad de electricidad en iluminación y aire acondicionado tiene que ser satisfecho en su demanda no importa cómo, y, ojalá, de la forma más económica posible. En caso contrario se detendría el consumo, habría enormes pérdidas económicas y eventualmente se podría desatar un caos generalizado.

Así que, con el precio del petróleo por las nubes y sin el gas argentino el panorama objetivamente parece oscuro y poco alentador. Ya se empieza a hablar de “crisis” y el temor a “quedar a oscuras”, como insistentemente difunden los medios de comunicación, no es menor. Pero, sin duda, ese miedo hoy día es incrementado de forma muy provechosa por los partidarios de la construcción de represas (incluyendo, claro que sí, a esa prensa interesada), con el mañoso fin de justificarlas o presentarlas como inevitables. De todas formas es obvio que las represas no resolverían el problema de hoy ya que, en mejor escenario para Endesa-Colbún, la primera de ellas no estaría lista antes del año 2014

La pregunta es; ¿qué hacer los próximos 6 años para estar a salvo de una desgracia como la que anuncian?

Cuando se exigen alternativas a la generación de hidroelectricidad, siempre se mencionan las mismas; las energías solar, eólica, mareomotriz, nuclear, biomasa, hidrógeno, etc. A distintos costos, nuestro país tiene el potencial para desarrollarlas casi todas y solo haría falta una eficiente política energética asumida como tarea por un gobierno realmente responsable y –sobre todo- previsor. Pero existen dos alternativas más que, extrañamente, nunca son mencionadas; la primera es conseguir un mejor precio del petróleo y la segunda reemplazar el gas argentino por el peruano o el boliviano. Con ello se aplacaría casi de inmediato la presion de los actores productivos, obteniéndose a la vez un tiempo valioso para que las autoridades repiensen o se comprometan a concretar un Plan Estratégico de Energía realmente inteligente, y urgente.

Lamentablemente, la Presidenta Bachelet ya se encargó de descartar cualquier acuerdo con el presidente de Venezuela quien ofreció este recurso a precios preferenciales como un aporte en la solución del fallido Transantiago, para empezar. Por otra parte, Chile se ha restado de participar en acuerdos de integración energética con ese país -y otros- a través de proyectos como el Gasoducto del Sur o Petrosur. Mientras tengamos una política exterior aislacionista también estaremos descartando una buena y pronta solución a los altos costos de la energía en nuestro país. Si eso ya es criticable, más difícil resultaría hoy día considerar la opción del gas de Bolivia, justo en la zona vecina a las grandes mineras donde más lo requieren, debido a motivaciones patrioteras absurdas y pasadas de moda.

Cualquiera de esas dos opciones acabaría con las penurias no sólo de los empresarios, sino de los ciudadanos que se beneficiarían de tarifas eléctricas más bajas, y los ríos de Aysén de ser represados. Estas soluciones obviamente no les convienen a los mercaderes de la hidroelectricidad, ni a los que sólo piensan en los votos de las próximas elecciones.

Radio Santa María, 19.07.08

Sunday, July 13, 2008

MOVILIZACIONES Y DESINFORMACIÓN
Por: Carlos Pérez Alvarado

¿Se ha fijado Ud. la forma en que se informa sobre las movilizaciones ciudadanas (que se producen cada día con mayor frecuencia en nuestro país) a través de los medios de comunicación nacionales?

Es cosa de prender la TV en la mañana; entre todos los canales, en medio de tanta farándula y nimiedades es muy difícil encontrar noticias (en vivo) relacionadas con alguna movilización en desarrollo, o con la explicación o el debate de las causas que las provocan, excepto si en ella ocurren desórdenes serios, es decir; guanacos lanzando gases lacrimógenos, encapuchados tirando piedras o bombas molotov, destrucción de la propiedad privada y heridos. De esta manera Las marchas y protestas quedan en primer lugar gravemente silenciadas u omitidas, y en segundo, desprestigiadas o criminalizadas.

Lo peor de todo es que este tipo manifestaciones sociales no tendrían porqué verse afectadas por ninguno de estos dos vicios, que son pilares inherentes de una franca desinformación. Más aún, en beneficio de una sociedad realmente democrática estas restricciones al irrenunciable derecho a estar informados no debieran ser permitidas o amparadas, especialmente si consideramos que muchos de los cambios y reivindicaciones en nuestro país se han conseguido gracias a la legítima movilización de su población.

Excepciones hay por supuesto; la inesperada y descomunal irrupción de los estudiantes secundarios en las calles de Chile en 2006 fue tan gigantesca que los medios de comunicación no pudieron desatender el verdadero fenómeno en el que se estaban transformando estas marchas. Aunque, si recordamos bien, durante los primeros días cuando aún eran pocos, los manifestantes fueron reprimidos enérgicamente por las fuerzas policiales y muchos de ellos detenidos por provocar destrozos en la vía pública, los responsables –como siempre- nunca son conocidos por la opinión pública.

Después vinieron las tomas de liceos, las (saludables) asambleas donde se discutían los motivos de la movilización y las próximas acciones, rompiendo así el silencio informativo inicial y consiguiendo finalmente que el Gobierno se viera obligado a formar una nutrida Comisión de actores relacionados con la educación y ofrecer al país una solución definitiva al asunto (lo que, hasta hoy, sigue pendiente). Con todo, el “estigma” de que los estudiantes utilizan métodos violentos de presión en sus causas no ha podido ser erradicada cabalmente de la percepción ciudadana y de ello, evidentemente, son responsables de manera solidaria la prensa en general y el propio gobierno.

Trayendo el tema al plano regional, muy probablemente el paro de la locomoción colectiva en Coyhaique y Puerto Aysén no va tener repercusión nacional y nuestros conciudadanos de Talca o Vallenar nunca se van a enterar de lo sucedido en la remota Patagonia, ni sabrán qué es lo que reclamaban los trabajadores del transporte público. La diferencia con el caso de los estudiantes secundarios (y ahora también de los profesores), es que los usuarios de la locomoción colectiva, acá en Aysén, tenemos bien claro que las demandas de los conductores y empresarios del transporte son muy simples y justas; Lógicamente, como en cualquier parte, ellos no hacen beneficencia y el alza de los combustibles los obliga a subir las tarifas; en suma, aunque termina afectando los bolsillos de todos nosotros, la culpa de no es de ellos.

A pesar de contar con un periodismo mucho menos contaminado, más objetivo e imparcial que el que practican los medios de comunicación nacionales dominantes, visiblemente lo que en Aysén todavía nos falta es trabajar por la unidad. Como la de los pingüinos, que vencieron con ellas la desinformación que practican la prensa centralista de la capital con la que parecen intentar la construcción de un cerco mediático que anule el descontento social y que, a la vez, supone evidentes muestras de nerviosismo en la clase gobernante.

Radio Santa María, 11.07.08

LAS TARIFAS DE LA INJUSTICIA
Por: Carlos Pérez Alvarado

Gracias al polémico plan de transporte público, conocido como Transantiago, los capitalitos tienen asegurado el precio del pasaje de la locomoción colectiva por lo menos durante todo el año 2008. Los millones de chilenas y chilenos que se desplazan hasta sus lugares de trabajo o estudio ya están hartos de las molestias que esta fallida idea les ha causado a su diario vivir por lo que, –obviamente- no soportarían que más encima les aumenten las tarifas. Además, una medida tan impopular como esa influiría fuertemente en la opinión de esa gran cantidad de gente, justo antes de las elecciones municipales de octubre, por lo que es necesario evitarla de cualquier forma.

Hay estudios que indican que el verdadero precio que tendrían que pagar por el pasaje es casi el doble, especialmente aumentados por los efectos del alza en el precio en los combustibles. Así que, en la práctica, los recursos que demanda el gobierno para financiar el Transantiago están destinados a solventar la diferencia entre el precio actual y el costo real del servicio, aunque es en el Parlamento donde decide si se financia o no el sistema. Se pretende –al menos- evitar que falle definitivamente ya que ese escenario podría tener consecuencias aún peores, para todos, no sólo para los capitalinos. Luego de aprobados, los dineros van a parar a las manos de los empresarios dueños de esos buses “cuncuna” que se ven en TV, cubriendo así sus gastos de operación y asegurándose una cantidad suficiente como parte de las legítimas ganancias que se merecen por el esfuerzo de movilizar a la población.

En suma, el Transantiago es un sistema de transporte público para la capital, operado por los privados pero que requiere ser fuertemente subvencionado por Estado, es decir, con los recursos obtenidos de los impuestos recaudados a lo largo de todo Chile. La discusión acerca de si esta fórmula es sustentable o no en el tiempo la monopolizan las autoridades del gobierno y la oposición, cada uno con sus propios argumentos, sin embargo entre ellos jamás se ha planteado la más remota posibilidad de “estatizar” (en parte o totalmente) el servicio. Como muchos otros, el transporte colectivo ha sido confiado enteramente a los privados pero en estos tiempos, desde Ministros a Diputados, no se acostumbra a cuestionar esa parte del asunto, manteniéndose arraigado como un dogma inalterable.

Me parece una monumental contradicción que la postura generalizada de estos señores ni siquiera se atreva a insinuar un proceso como este y cambiarlo por uno que permita que, en lugar de gastar enormes sumas de dinero en subvencionar a los privados, ésos recursos se ocupen en asegurarle a la gente más humilde un servicio eficiente y digno, autorizando el lucro de los inversionistas sólo donde objetivamente ello sea factible.

También sería saludable ver a los parlamentarios de la zona, unidos a los de otras regiones que sufren la misma discriminación, luchando y batallando para que esos arbitrarios beneficios que recibe la población de Santiago se extiendan también fuera de la Región Metropolitana puesto que es sencillamente inaceptable que en Coyhaique (y muy probablemente en varias otras ciudades del país) la locomoción colectiva puede subir de 300 a 400 pesos sin que a los mediáticos políticos les importe en absoluto y dejando en claro que en Chile el modelo económico vigente, y que busca incentivar la inversión de los privados en todos los ámbitos posibles, se aplique a destajo en la capital de la región Aysén pero en Santiago sólo puede seguir subsistiendo gracias a la plata de todos nosotros.

Radio Santa María, 05.07.08

EL SUR TAMBIÉN EXISTE
Por: Carlos Pérez Alvarado

En el hemisferio sur en que vivimos (por una antigua convención universal) el solsticio de invierno marca el inicio de un nuevo ciclo de vida. La víspera es la noche más larga del año y los pueblos Aymara, Quechua, Likan Antai, Rapa Nui y Mapuche, que consideran los movimientos del Sol y la Luna para establecer el tiempo de las siembras y las cosechas, al llegar el invierno realizan ceremonias espirituales de agradecimiento al renacer de la tierra, después del necesario descanso del otoño. Llega el tiempo de su fertilidad y comienza en rigor un nuevo año; las horas de luz se extienden “una pata de gallo”, el sol emprende el camino de regreso y muy pronto emergerán los brotes de las plantas, los animales cambiarán su pelaje y el agua de los ríos se nutrirá de lluvias y deshielos. Para esos pueblos indígenas no sólo la naturaleza se renueva, también lo hacen los seres humanos, estableciéndose entre ambos relaciones de reciprocidad expresadas en su identidad social, cultural y religiosa.

La ceremonia que realiza el pueblo mapuche para celebrar el acontecimiento se conoce como We Tripantu(o, We Xipantu), y comienza antes que el Sol se oculte en el horizonte, generalmente la noche del 23 de junio. Se espera hasta el amanecer la llegada del "nuevo Sol que regresa" por el oeste. Durante el ritual, dirigido por una machi o por el lonko del lugar, se invocan a los antepasados y con las primeras luces del día 24 de junio se inicia otro ciclo en el mundo mapuche y en la madre tierra. Durante el resto del día continúan distintas actividades, según la región, siendo éste un momento de reencuentros, de armonización y equilibrio de las relaciones familiares. El Año Nuevo se transforma en un momento primordial para que el ser humano y la naturaleza pacten su vida en armonía.

Sino hermoso, a mí todo esto me parece un acontecimiento digno de ser conocido y divulgado con más énfasis en todo nuestro país. No hay dudas que los motivos que originan esta celebración son mucho más cercanos a nuestra realidad y tienen mayor sentido si las comparamos con las que justifican el año nuevo “occidental” del 1 de enero, impuesto por el hemisferio norte a través del calendario gregoriano que –dicho sea de paso- tuvo en cuenta razones muy similares en su elaboración, es decir, arraigadas en su respectivo solsticio de invierno, seis meses antes (o después).

Desgraciadamente, aparte de algunas breves referencias en las noticias, los programas o reportajes especiales en los medios de comunicación, que pudieran dar a conocer o nos enseñen sobre estas fiestas, brillan por su ausencia. Es que parecen más importantes las fiestas que promueven el consumismo, para lo cual incluso se inventan e se importan desde otros países festejos que nada tienen que ver con nuestra cultura del Sur y del Austro. Ni siquiera a los parlamentarios les parece importar puesto que nunca han querido legislar para decretar feriado el día del año nuevo del Sur, nuestro sur, probablemente porque sus intereses y atención están en el Norte, muy alejados de su auténtico medio (como en muchas otras cosas). De todas formas para todos ellos y la gente de Aysén

¡KÜME WE XIPANTU! (Feliz año nuevo).

Radio Santa María, 27.0.08

CUIDADO CON LAS ENCUESTAS
Por: Carlos Pérez Alvarado

Las encuestas hace mucho tiempo que alcanzaron un altísimo nivel de importancia en la contingencia nacional. Así ocurre también en muchos otros países (aunque no en todos), llegando a definir elecciones o controlar la agenda noticiosa de un país. No es difícil encontrar pruebas que demuestran la forma tendenciosa y manipuladora con que, en muchos casos, se realizan estas consultas de opinión. Por ejemplo, no es muy honesto publicar sondeos de en los que se pregunta sobre la “percepción” de la gente respecto de la delincuencia y no se informen las estadísticas objetivas que Carabineros o Investigaciones disponen sobre los actos delictivos que se cometen en un periodo determinado, comparado con otro anterior. De hecho ambos resultados difieren ostensiblemente entre sí puesto que en la percepción inciden muchísimos otros factores que engañosamente no son tenidos en cuenta. Uno de ellos es la influencia que ejercen los medios de comunicación, especialmente la TV, la cual inunda sus noticiarios y programas con la crónica roja en niveles excesivos, hasta morbosos.

No hay dudas que detrás de la elaboración en este tipo de encuestas hay razones puramente políticas; en el ejemplo anterior a la oposición le favorece que el nivel de percepción de la delincuencia aumente porque así ellos pueden proponer soluciones alternativas a un problema en el cual consideran que el gobierno ha “fallado”, sin embargo no resulta sorprendente descubrir que las empresas que las efectúan son precisamente de ese mismo sector político. Algo similar ocurre con las encuestas sobre la aprobación o rechazo a determinado partido político, a la gestión del gobierno, o algún tema candente como el Transantiago o las emergencias climáticas.

Otra de las “trampas” usuales de las encuestas es la evidente falta de información con que cuentan los entrevistados al momento de responder las preguntas. Han habido consultas nacionales en las que se ha interrogado sobre las represas en Aysén, pero es incuestionable el monumental desconocimiento que tiene la población del resto de Chile (de Puerto Montt al norte, digamos) acerca de las extraordinarias características geográficas, sociales, culturales o ambientales de Aysén las que tendrían un efecto indesmentible sobre los resultados si éstas fueran efectivamente conocidas. No obstante ello, 52% en una y 54% de los consultados en otra se muestra contrario a la idea, aunque esta semana apareció otra en la que casi el 56% las apoya, pero que –coincidentemente- fue contratada por la parte interesada, HidroAysén; ¿A cuál le creemos?

Y si bien nuestra opinión generalmente no es considerada en los estudios de nivel nacional, debido a la escasa población, la región de Aysén tampoco está ajena al fenómeno y ya se han publicado algunos sondeos locales inquiriendo sobre la construcción de mega represas. En una realizada hace poco en Caleta Tortel la gente estuvo mayoritariamente en contra, pero en otra –más reciente- en Villa O´Higgins poco más de la mitad estuvo a favor.

De esta forma, sin información y con resultados abierta y previamente dirigidos no es posible tomar en serio muchos de estos estudios de opinión. De hecho, si tuviera los recursos económicos, técnicos y humanos para hacer una encuesta cualquiera, con los estándares científicos de rigor y obtener información “dura” en una muestra realmente representativa, podría preguntar en Aysén cosas como;

¿Cuánta información dispone Ud. sobre el proyecto de las represas; Mucha, Más o menos, Poca, Muy poca, Casi nada, Nada?

¿Estaría Ud. de acuerdo en que se devuelvan al Estado los derechos de agua de nuestros ríos, hoy en manos de empresas privadas extranjeras como Endesa; Sí, No, No me interesa?

¿Cree Ud. que HidroAysén solo busca hacer un negocio en Aysén; Sí, No, Tal vez?

En el nivel nacional preguntaría;

¿Le gustaría que las autoridades del país se sometan a un referendo revocatorio en la mitad de sus mandatos, para que se queden o se vayan de acuerdo a su desempeño; Sí, No, NS/NR?

¿Cree Ud. que la actual Constitución de la República es realmente legítima; Sí, No, No me importa?

¿Cuándo le gustaría que se cambiara el sistema electoral binominal; Ahora ya, Antes de las elecciones municipales, Antes de las presidenciales, Nunca?

Se pueden hacer las preguntas que uno quiera para obtener los resultados que yo quiero, lo que resulta todavía más fácil si la población no tiene la información verdaderamente necesaria para emitir su opinión. Primero disparar, después pintar el blanco, ésa es la cuestión.

Radio Santa María, 13.06.08

EL FRÍO, OTRA VEZ
Por: Carlos Pérez Alvarado

El frío nuestro de cada año está de nuevo con nosotros. Cada invierno me pregunto porqué los dirigentes políticos, más aún los eternos candidatos a algún cargo de representación ciudadana no consideran al frío como una de sus preocupaciones principales y enarbolan frases de campaña como “Calor para todos los ayseninos” o “Aysén sin frío”. Nada sería más beneficioso para la población de nuestra región que contar con un sistema eficiente y barato de calefacción, tanto en los hogares como en las oficinas públicas, las escuelas y colegios, las postas y hospitales. Sabemos que el frío, aparte de incrementar los gastos básicos de todos los grupos familiares por igual, afecta el ánimo de las personas, genera conflictos de convivencia, disminuye la productividad e -incluso- puede estimular el aumento de los índices de delincuencia, entre otras graves enfermedades sociales.

Si se sacan cuentas, probablemente invertir en una solución definitiva al frío invernal en Aysén, bajo la legalidad vigente, demandaría enormes recursos que las empresas privadas no están dispuestas a asumir ya que, objetivamente, no les resulta rentable en el corto plazo debido al escaso “mercado” de consumidores.

Si estudiamos el ejemplo de Punta Arenas, donde el suministro energético está asegurado y donde uno va de casa en casa o de oficina en oficina sin que en ningún lugar cerrado uno siente las gélidas condiciones de trabajo o de estudio que en muchas ocasiones tenemos que soportar acá, debemos aceptar al mismo tiempo que ello es posible porque es la Enap, una de las pocas empresas estatales que van quedando (junto a Codelco y el Metro de Santiago), la que extrae el gas natural domiciliario que esa ciudad requiere para funcionar (aunque también importa gas argentino para la industria en la zona a precios muy convenientes). Gracias a la Enap la vida de los magallánicos transcurre sin las preocupaciones de calefacción y una región aún más alejada y desconectada por tierra que Aysén tiene otras prioridades en la búsqueda de un mejor bienestar para sus habitantes.

Si Punta Arenas recurre a un recurso disponible bajo su suelo y privilegia el consumo local, es evidente que en Aysén la solución energética se encuentra en su potencial hídrico. Sin embargo, llegar a disponer de la hidroelectricidad suficiente para cubrir las necesidades domiciliarias e industriales inmediatas de Aysén y destinar una porción de ella a la calefacción, no está entre las prioridades de nadie; ni del Estado que traspasó esa responsabilidad a los privados, ni de las empresas, en este caso Edelaysén, que no está dispuesta a invertir en este tipo de proyectos que –como dijimos- no se justifican financieramente y porque, además, no cuenta con los derechos de aguas necesarios para desarrollar este tipo de soluciones energéticas.

Si esos derechos fueran de propiedad pública y no de una empresa española como Endesa (la cual controla el 80% del total del país), y si –al menos- la generación de ese tipo de energía fuera decidida libremente por el Estado, la región de Aysén podría estar aprovechando sus enormes recursos hídricos construyendo una pequeña central hidroeléctrica, con una producción cercana al 1% de la energía que pretende obtener Endesa-Colbún desde los ríos Baker y Pascua para llevársela a Santiago, lo que sería suficiente para contar con este servicio básico, con tarifas más asequibles, mejorando z la calidad de vida de sus habitantes y facilitando las condiciones de emprendimiento de iniciativas productivas que simultáneamente generan nuevos empleos y mejores sueldos. Un círculo virtuoso que simplemente se nos está negando por las políticas mercantiles y centralistas que han adoptado los últimos gobiernos.

Una solución para el frío en Aysén seguirá siendo una ilusión mientras no exijamos que el Estado cumpla su obligatorio rol social y sus funcionarios dejen de creer imaginariamente que la iniciativa privada resuelve todo los problemas de una sociedad. Algo que en la práctica jamás ha podido ser demostrado, sobre todo acá en Aysén.

Radio Santa María, 06.0.08

LOS SERVICIOS BASICOS
Por: Carlos Pérez Alvarado

Como es habitual cada invierno vuelven los temporales de lluvia en la zona central de Chile, donde vive casi el 80% de su población, interrumpiendo esta vez la conectividad del país en el puente Teno, región del Maule, lo que generó tacos de más de 30 Kms. de vehículos de carga y pasajeros. Mientras tanto en Aysén tuvimos que soportar una de las nevadas más intensas que se recuerden en los últimos años. Las consecuencias de estas catástrofes, que en esta oportunidad parecen haberse ensañado, son –como siempre- caminos cortados y servicios básicos interrumpidos por todas partes y, como de costumbre, arrecian las críticas a la poca asistencia o atención a los pesares de la comunidad afectada.

Sin embargo, en medio de estos cruces de acusaciones y denuncias, existen otros cuestionamientos no menos importantes que brillan por su ausencia. Uno de ellos dice relación con la escasez absoluta de críticas a la condición de privados que tienen varios servicios básicos directamente involucrados en estas emergencias. Entre otros se cuenta el caso del agua potable (y alcantarillado); En Santiago la antigua empresa Emos, que era estatal, ahora es controlada por una compañía llamada Aguas Andinas, así como en Aysén es Aguas Patagonia, en Concepción Essbío, en Atacama Essat, etc., las que ahora controlan un “negocio” y no precisamente un “servicio” básico. Hace unos días gran parte de la Región Metropolitana se quedó sin el vital elemento, algo comprensible debido a las dimensiones de la emergencia climática, pero nada justifica que los más afectados se encontrasen en las comunas más pobres de la capital, donde estas compañías no ponen el mismo énfasis en desarrollar obras de mejoramiento o ampliación de sus instalaciones que en las más ricas, al oriente de la capital. El Gobierno ha reconocido además que esa empresa no está obligada a descontar los días en que no prestó ese servicio y no he sabido de nadie que promueva multarla por los daños que provoca desatender necesidades tan urgentes de la gente.

Otro caso son los caminos y carreteras. La ruta 5, o doble vía entre la Serena y Puerto Montt, mediante otro proceso privatizador en el cual la ciudadanía tuvo nula participación, también es controlado por empresas, casi todas extranjeras, las cuales –es cierto- mejoraron enormemente la infraestructura vial del país (paradigma y motivo de orgullo para los partidarios de este modelo de economía) pero con la condición de recibir -con creces- las retribuciones correspondientes mediante el cobro de peajes hasta por 30 años (y renovables) a los conductores. Además, aunque no se diga explícitamente, esos contratos con las concesionarias consideran que el Estado no promueva la habilitación de alternativas a esas rutas concesionadas y a la gente no le queda otra opción que pagar, por ejemplo, hasta 14 peajes solo entre Santiago y Puerto Montt. A pesar de ello, la caída del puente Teno significó que el MOP, organismo estatal, tuviera que habilitar urgentemente varios puentes mecanos para salvar la situación, apoyar a esas empresas y, de paso, acallar las posibles críticas a las transnacionales de las carreteras.

Pues bien, privatizar los servicios sanitarios resultaría inaudito en casi todos los países del mundo (incluso en algunos el agua es gratis) y en varios de Latinoamérica, a pesar de numerosos intentos, la mayoría se ha negado a acometer un paso tan neoliberal como éste. En Chile, en cambio, la enajenación de las empresas públicas de servicios sanitarios se efectuó en tiempos de Eduardo Frei y concluyó en los de Ricardo Lagos sin que apenas nos enterásemos. Inclusive el proceso llegó todavía más lejos y (caso único en el mundo), se privatizaron también los derechos de aprovechamientos de las aguas (80% en poder de Endesa España).

En esos mismos países, aunque existen carreteras privadas, el Estado provee las necesarias vías alternativas y jamás ocurriría que un conductor tenga que recorrer unos 170 kilómetros extras para llegar desde Curicó a Talca, como ocurrió en esta ocasión. Esto solo reafirma que las actuales políticas económicas privilegian las actividades de los privados y no es raro que el gobierno y los medios de comunicación interesados jamás cuestionen la privatización de prácticamente todos los servicios básicos en nuestro país, entre ellos el transporte público, las telecomunicaciones, la salud, la educación, la energía, etc.

De esta forma, la gente de La Junta en lugar de exigirle al Estado que cumpla su rol social y solucione el problema de los cortes de energía que ellos tuvieron por 10 días, tiene que acudir a la empresa Edelaysén con sus justificados reclamos. Las autoridades, como siempre, responderán con su acostumbrada frase; se trata de un “problema entre privados” y sencillamente se lava las manos. Eso no sucede en ningún país verdaderamente desarrollado.

Radio Santa María, 30.05.08

CHILE CHICO Y CHAITÉN
Por: Carlos Pérez Alvarado

Mientras aún continúa la actividad volcánica en Chaitén resulta inevitable recordar lo sucedido en nuestra región en agosto de 1991 con la erupción del volcán Hudson. Así como las características telúricas del fenómeno son similares, ambos episodios también son parecidos en muchos otros aspectos, como los geográficos, económicos y culturales. Las personas afectadas y el entorno de esa zona nos resultan totalmente cercanos, a pesar de la distancia y la incomunicación, Chaitén o Futaleufú podrían ser perfectamente cualquier ciudad de la región de Aysén. Tal vez por eso es que muchas de las situaciones vividas durante el Hudson resultan hoy día familiares para mucha gente, especialmente cuando vemos esa columna de cenizas y rayos emanado hacia el cielo y precipitando sobre las casas, plazas y escuelas de esos pueblos, como aquella vez ocurrió en Chile Chico, Puerto Ibáñez, Cajón Cofré, Río Manso y Cerro Castillo.

Como a Chaitén, también esa vez un Diputado, don Carlos Dupré de la DC, propuso trasladar de lugar a Chile Chico con toda su gente, algo que parecía tan descabellado como lo que planteó el entonces Senador Hugo Ortiz de RN en la radio recién llegado a esa ciudad, afirmando que, a pesar de todo la desgracia podría traer algún beneficio ya que las cenizas del volcán podían servir para pavimentar todas sus calles, de acuerdo a unos expertos que él había consultado. A Chile Chico la primera autoridad de “peso” arribó recién casi una semana después y fue el entonces Subsecretario de Gobierno Belisario Velasco, mientras que en Los Antiguos ya había estado el Presidente Carlos Menem (Patricio Aylwin llegó recién en octubre). Inolvidables serán los gritos y reclamos en contra de Velasco por la tardanza y el desinterés mostrado por el Gobierno en su encuentro con la comunidad en el gimnasio local. Al igual que en el caso de Futaleufú mucha gente de Chile Chico, sin que hubiese habido una orden presidencial de evacuar, se embarcó en numerosos buses hacia el norte, por Argentina. Algunos no volvieron jamás.

De la misma forma que hace 17 años el recurrente tema de la conectividad hoy día se menciona insistentemente y se alzan voces para exigir la construcción inmediata del camino inconcluso entre Chaitén y Puerto Montt. Sin embargo, en ese ámbito, muy pocos cambios han habido desde la erupción del Hudson hasta la actualidad para unir de una forma más expedita la ciudad del sol y el resto de la región de Aysén, y el país.

Para llegar a Chile Chico siguen existiendo las mismas formas; por Argentina, por “Chile” y por barcaza (además del avión, que hay que contratar especialmente, a diferencia del 91 cuando existían vuelos de itinerario). Por Argentina el mentado corredor bioceánico sigue siendo un anhelo y el nivel de integración con el país vecino es escaso. Dando la vuelta de 400 Km. por el paso Las Llaves, en el periodo se han agregado algunos Kms. de pavimento (hasta Cerro Castillo) y algunas mejoras menores en el resto, sin embargo estamos condenados a esperar acaso décadas hasta ver todo ese tramo consolidado como una ruta de real comunicación, a pesar del alto valor paisajístico e inmensa potencialidad turística que posee. En todo caso hay que tener presente que durante la erupción del Hudson el camino (de ripio todavía) reventó en Vista Hermosa y fue imposible transitarlo entre Cerro Castillo y Murta por varios días debido a las cenizas, como hoy ha ocurrido con los tramos del Camino Austral cercanos a Chaitén.

Finalmente por barcaza, lejos de resolver la necesaria “conectividad lacustre”, la misma “Pilchero” que funciona desde el año 1961 ya no soporta más reparaciones y sólo está faltando que algún día tenga una falla demasiado grave, con consecuencias impensables. En el intertanto, sin que la comunidad fuera consultada y sin que ni siquiera la mayoría de su población se llegara a enterar, el Congreso ratificó la privatización de Transmarchilay y tanto esta ruta, Puerto Ibáñez–Chile-Chico, como la de Chacabuco–Puerto Montt, que eran operadas por el Estado, pasaron a ser responsabilidad de empresas privadas, las que siempre priorizarán el lucro por sobre el bien social.

Por todo ello, aunque es obligatorio reconocer una atención muchísimo más oportuna y eficiente de las autoridades con apoyo de las FF.AA. en el caso de la catástrofe de Chaitén, lo que no sucedió el año 91, también hay que poner mucho ojo con las promesas demagógicas y con el uso político de estas desgracias.

Radio Santa María, 24.05.08

EL CAMINO
Por: Carlos Pérez Alvarado

Tras la inesperada erupción del volcán Chaitén han surgido con mucho más fuerza los insistentes llamados a comenzar urgentemente la construcción del camino que una Puerto Montt con esa desafortunada ciudad y -por extensión- conectarlo al camino austral que atraviesa de manera continua la región de Aysén hasta Puerto Yungay. La así llamada y tan mentada “conectividad terrestre” ha sido una materia extremadamente recurrente en el debate público, no solo entre parlamentarios, políticos y autoridades, sino de variados sectores de la comunidad aysenina, a los que hay que agregar otros de la provincia de Palena. La posibilidad de llegar por tierra hasta la capital de la X región se ha transformado en un anhelo para mucha gente y esos deseos, lógicamente, son recogidos y enarbolados como bandera de lucha por todos ellos. Esas aspiraciones por lo demás completamente legítimas, no pocas veces son perseguidas de forma mañosa, incluso tendenciosa.

La unión por tierra con el resto del país no debería tener detractores y por ello es absolutamente injusto asociar –por ejemplo- la campaña Patagonia sin Represas con una supuesta acción orquestada y generalizada “anti-conectividad”, como sostiene el Senador Antonio Horvath y algunos otros. Lo uno no implica necesariamente lo otro, aunque las suspicacias porque este tema haya “explotado” recién hace un par de años, coincidentemente con la necesidad que tiene HidroAysén de trasportar 2.750 MW de energía eléctrica hasta Santiago y que el ex Ministro del MOP Eduardo Bitrán haya dirigido la empresa Transelec encargada del proyecto del tendido de alta tensión, puedan resultar justificables, o -al menos- generan legítimas sospechas.

En estricto rigor ha sido la complicada geografía de la zona la principal causante de que esta iniciativa permanezca todavía sin concreción, a pesar de que se ve técnicamente mucho más factible que conectar Punta Arenas (ciudad que de acuerdo a ese criterio falaz, de una imprescindible conectividad, estaría condenada al subdesarrollo). Sin embargo, independiente de cualquier polémica al respecto, construir ese camino implica un proceso inevitablemente largo y complejo. Las alternativas que se barajan son todas muy complicadas y caras, y requerirán de miles de toneladas de dinamita para romper milenarias rocas y las faenas durarían varios años. Además, cualquiera de esos proyectos forzosamente debería ingresar al Sistema de Evaluación de Impacto Ambiental, donde debe cumplir estrictamente con todas sus etapas, incluyendo la tan cacareada participación ciudadana, si es que de verdad nos regimos por el actual “Estado de derecho”. Los acérrimos defensores de tal conectividad ¿Quieren saltarse todo eso? ¿Acaso buscan un “fast-track” o vía rápida que omita esta obligación?

Más aun, a raíz de lo ocurrido en Chaitén los argumentos en favor del camino no son ni siquiera aplicables debido a que, de haber estado efectivamente construido, por la rapidez de los acontecimientos no hubiera podido usarse por encontrarse dentro del radio de seguridad y, con varios centímetros de cenizas caída en pocas horas, hubiese sido imposible transitarlo. De hecho, hoy nadie podría viajar a Puerto Montt por ese camino, aunque estuviese construido.

Hemos visto que la exitosa evacuación de casi 5 mil personas efectuada eficiente y profesionalmente por las autoridades y las FF.AA. por la vía marítima, se realizó en barcazas y en buques de la Armada hasta Quellón, porque era la forma más rápida y lógica. Ni siquiera fue posible sacar a la gente de Futaleufú hasta Chaitén, porque es imposible acercarse hasta la costa, por lo que esa operación debió hacerse por Argentina.

La ansiada ruta va a demorar en concretarse más aún con lo sucedido en Chaitén y lo objetivo y real es que tal camino hoy no existe. En tales circunstancias mejor sería que las preocupaciones de nuestros parlamentarios y políticos se centren en lo que va a suceder con el flujo de turistas el próximo verano considerando que Chaitén es la puerta de entrada a nuestra región, o en el daño que la catástrofe va a significar para la industria salmonera, los efectos ambientales en los ríos hoy lechosos que albergaban a miles de pescadores venidos desde muchos lugares de Chile o el mundo, o el impacto sobre la ganadería de la zona. Finalmente, es sencillamente egoísta, inaceptable y vergonzoso intentar obtener dividendos políticos de esta desgracia que todavía no es posible dimensionar en su totalidad.

Radio Santa María, 09.05.08

UN DISCURSO NUEVO, POR FAVOR
Por: Carlos Pérez Alvarado

En pocos meses (en octubre de este año) se van a celebrar elecciones municipales en todas las comunas de Chile para elegir nuevos alcaldes y concejales. Ante tal acontecimiento asoman sin demora algunos interesados, rostros generalmente conocidos que, por ejemplo, empiezan a utilizar con mayor frecuencia espacios que se les ofrecen o derechamente buscan, para opinar públicamente sobre el deficiente desempeño de las autoridades actualmente en ejercicio, quedando así en evidencia sus intenciones de decir “yo también quiero ser Alcalde”, “yo puedo hacerlo mejor”. En muy poco tiempo comenzaremos a oír frases como “mucha gente me pidió que aceptara esta candidatura, así que no les puedo fallar”, honestamente carentes de credibilidad o sinceridad. Nada de esto es novedad.

En casi 20 años la democracia chilena, la política y todos sus procesos de elección popular se han transformado en un rito demasiado predecible y esas frases no son fruto de la ironía o la sorna, es cuestión de revisar la prensa antigua para comprobarlo. Nuestro país, por alguna extraña razón, parece vivir los 365 días del año pendiente en las “candidaturas” de todo tipo; a Presidente, a Ministros, a Intendente, a Seremi, a Director de Servicio, etc. Tanto así que apenas asumida la actual Presidenta Michelle Bachelet comenzó inmediatamente la carrera presidencial siguiente, la que recién se van a llevar a efecto a fines del próximo año.

En octubre, si no ocurre nada extraordinario, veremos otra vez las calles inundadas de publicidad gráfica en los postes de la luz o en los jardines de las plazas y avenidas con las fotos de los aspirantes, acompañados de figuras nacionales muy conocidas, igual como viene ocurriendo desde hace dos décadas. Las medios de comunicación tendrán otra vez la oportunidad de ganar algo de dinero con los anuncios pagados de estos candidatos, lógicamente después de que hayan pasado por el necesario y a veces traumático proceso de seleccionar entre un lote de gente que también estará interesada en postularse. Y si esto ya es conocido, previsible, tampoco lo será comprobar que los principales aspirantes, es decir los que tendrán mayores opciones de ganar, serán los que pertenecen a los partidos tradicionales, esto es, de las coaliciones de gobierno y de la oposición; los únicos que pueden contar con recursos monetarios suficientes para financiar esas millonarias campañas. Esos dineros, también lo sabemos, provienen principalmente de empresas privadas y centralizadas en la capital, que no acostumbran a hacer nada gratis.

Para que todo esto fuese diferente es necesario reformar el actual sistema electoral binominal antes de octubre, sin embargo nada serio de eso se ha sabido hasta el momento y podría ser que ello tampoco ocurra antes de las próximas presidenciales. El escaso interés que existe por legislar al respecto queda demostrado con la lista de potenciales candidatos, tanto a las municipales como a las presidenciales que hoy son destacados públicamente, que van a todos los programas de televisión, que les hacen entrevistas en los principales medios escritos, que –precisamente por eso- son los que figuran en todas las encuestas de opinión, y que, al final de cuentas, son los mismos que han estado siempre en carrera.

Con todo, lo más preocupante es que lo que igualmente tiene muy pocas posibilidades de cambiar son los temas de campaña, o los “programas” de gobierno nacional o comunal, si se prefiere. Tal vez, justamente ahí, es donde pueden comenzar a establecerse las diferencias entre los aspirantes a los cargos de elección popular; un discurso realmente nuevo -¡por favor!- que parta por denunciar y de verdad trabajar por la modificación de este sistema electoral excluyente así como de todas las instituciones que no están cumpliendo con el objetivo de una participación ciudadana efectiva y eficaz, como debiera ser en un régimen democrático legítimo.

Radio Santa María, 02.05.08

UNA BURBUJA
Por: Carlos Pérez Alvarado

A pesar de encontrarse en el tercer piso del edificio del MOP, en Coyhaique, es seguro que el Ministro del Interior pudo escuchar perfectamente los gritos de la manifestación en su contra efectuada por un grupo de personas en las afueras (me incluyo), premunidos de lienzos y pancartas bajo una intensa lluvia. La protesta fue más bien pequeña, absolutamente espontánea, pero muy bulliciosa, con tambores y megáfonos. Sin duda a Edmundo Pérez Yoma le deben haber molestado algunas frases, que en realidad son bastante comunes, típicas y poco originales, pero adaptadas a su caso, así como unos pocos chilenismos algo subidos de tono (los menos).

No sería raro que él y su equipo de “seguridad” temieran de antemano un eventual acto de desaprobación a su visita. Si así fuera es porque implícitamente reconocen que las recientes declaraciones de esa autoridad nacional (y las de otros) respecto al tema de las represas en Aysén no han caído bien en un amplio sector de la población de esta región, que las consideramos un abierto e ilegítimo respaldo a Endesa-Colbún. Tampoco sería extraño que se hayan preparado especialmente para tal eventualidad, de otra forma no se explica el despliegue absolutamente desproporcionado de carabineros que llegaron al lugar equipados con cascos y chalecos antibalas como si fueran a enfrentar un tremendo peligro al orden público. Como si eso no fuera suficiente, a pocos metros estacionaron su inconfundible micro verde oliva (que debe ser la única en el país que no tiene signos de piedrazos en su carrocería), como una abierta forma de intimidación en contra de los manifestantes, objetivo que finalmente consiguieron con la detención a todas luces arbitraria del periodista Patricio Segura, después de obligarnos -a empujones- a desplazarnos hasta la Plaza de Armas.

Pero estos gritos y otras formas de protesta, que para algunos funcionarios sorprendidos o fastidiados son realizadas por grupos “ambientalistas minoritarios que se oponen al desarrollo del país” no son inéditas en esta apartada región de Chile, recordemos por ejemplo lo ocurrido hace justo un año cuando la Presidenta Bachelet fue recibida con banderas negras en las afueras del consultorio de salud de Puerto Chacabuco y en la plaza de Puerto Aysén, como respuesta a su discutible desempeño y tardía respuesta en la emergencia sísmica registrada en el Fiordo. Las movilizaciones de los pescadores artesanales son frecuentes y hace unos días el Sindicato de Trabajadores de Salmones Antártica se tomó las dependencias de la Gobernación Provincial, frente a los despidos masivos que está efectuando esa empresa, mientras otro centenar de personas marcharon por sus calles para mostrar su descontento.

Ahora, si examinamos lo que está sucediendo en el resto de nuestro país, la lista puede alargarse demasiado. Basta ver la TV para enterarnos -al menos- de los principales conflictos que se están produciendo hoy día mismo, como el de los trabajadores subcontratistas de Codelco, los pescadores de Valdivia y Mehuín, los paros de la salud y el resurgimiento de las protestas de los estudiantes secundarios y universitarios en las principales ciudades de Chile. Algunas movilizaciones ya forman parte de la agenda noticiosa cotidiana, como las vistosas protestas de los deudores habitacionales o los espontáneos reclamos de los atribulados usuarios del Transantiago. Hay otras, especialmente las que ocurren fuera de la capital y que apenas tienen cobertura en los medios de comunicación, a pesar de ser gravísimas y más conocidas en el exterior que en Chile, como las acciones del pueblo mapuche en la región de la Araucanía y del Bío-Bío, o cualquier otra que tenga ribetes ambientalistas. Entonces, uno se pregunta ¿qué sucede con este gobierno que parece empeñado en minimizar todos estos actos o derechamente intenta reprimirlos y desprestigiarlos?

Lamentablemente los medios de comunicación colaboran de forma muy sospechosa con esa política y sus informes, la mayoría de las veces, se relacionan con los efectos negativos que ellos tienen sobre la población, por ejemplo mostrando majaderamente a las inocentes y circunstanciales víctimas que se quedan sin atención médica por un paro de la salud, alentando así el repudio de la gente a estas formas de lucha. Otra acción recurrente es alertarnos sobre los millones de dólares que pierde el país con la paralización de la minería del cobre, sin que jamás se hayan preocupado por revelarle a los chilenos cómo las transnacionales mineras han sacado al exterior miles de millones de dólares gracias a las políticas neoliberales que las benefician. La prensa dominante pocas veces nos informa acerca de las reales causas que están detrás de todas estos movimientos sociales y –por el contrario- se dedican a resaltar cualquier acto vandálico que pueda producirse en su desarrollo.

Queda la impresión que las autoridades de gobierno, con la valiosa ayuda de algunos medios de comunicación, piensan que todas estas manifestaciones se realizan únicamente para “molestar” a la Presidenta de la República y que La Moneda es una burbuja desde donde no quieren aceptar que Chile no marcha todo lo bien que ellos afirman. Así se lo quisimos hacer saber al Sr. Pérez Yoma aquí en Coyhaique y sólo pudimos comprobar que el Ministro no quiere escuchar las críticas y opta, como es su costumbre, por enviarnos la fuerza pública para acallarnos. Obviamente, ese no es el camino.

Radio Santa María, 25.04.08

HACIA ASIA
Por: Carlos Pérez Alvarado

En su reciente viaje a China para firmar un acuerdo complementario al Tratado de Libre Comercio establecido entre Chile y esa potencia asiática en 2005, la Presidenta Michelle Bachelet afirmó que el Estado chileno "se adhiere firmemente a la política de una sola China, respeta la soberanía e integridad territorial de la República Popular China y reconoce que Taiwán y Tíbet forman parte de China".

Tal vez esta noticia en pocos días ya no sea una preocupación nacional y el gobierno espera que al menos los empresarios que acompañaron a la Mandataria puedan comenzar muy pronto a disfrutar de los frutos de ese acuerdo porque, para la mayoría de la población, los problemas políticos que tengan los chinos no son una prioridad. Por eso esta visita es una excelente oportunidad para enterarnos algo más acerca de lo que sucede al otro lado del mundo, especialmente si nuestro país está involucrado.

Partamos diciendo que es muy posible que las declaraciones de la Presidenta no hayan sido del agrado del pueblo y el gobierno de Taipei, capital de una isla de 23 millones de habitantes llamada Formosa, considerada una provincia “rebelde”, que se separó de la China continental en 1949 tomando el nombre de Taiwán, sin que haya sido nunca reconocido como Estado por la ONU.

Es que para la actual administración (y las anteriores), la diplomacia parece tener bastante menos prioridad que los eventuales negocios que se pueden hacer con una nación de más de 1.300 millones de “consumidores”. Así que, si lo taiwaneses se enojan, las consecuencias, dentro de esta lógica, se pueden considerar un mal menor; Son “solo negocios” y de ello existen numerosos ejemplos en los que importantes funcionarios de los últimos gobiernos han establecido claramente la división entre política y comercio internacional, el que –según esa manera de pensar- contribuiría a mejorar las condiciones de vida de nuestra población.

En el caso de Tíbet, región autónoma de China con menos de 3 millones de habitantes, el tema indudablemente es más complejo y tal vez “remoto”. A pesar de lo que digan los medios occidentales, cuyos contenidos son repetidos por nuestros periodistas y comentaristas sin cambiarles una coma, la historia no es de tanta opresión como se la pinta y para comprobarlo solo basta escarbar en las fuentes de información alternativas y en su pasado feudal y esclavizante y su presente teocrático. La prensa dominante nada dice acerca de la situación de sus mujeres o de las minorías chinas que viven allí. Se tergiversan las imágenes de represión al punto de mostrar al mundo a policías nepaleses haciéndolos pasar por chinos, apaleando monjes en antiguas manifestaciones de las que nadie se había enterado (www.anti-cnn.com).

La situación anterior no sorprende para nada si tenemos en cuenta que China es una potencia cuya economía muy pronto va a ser la más importante del planeta. A raíz de los próximos JJ.OO. a celebrarse en agosto en su capital Beijing, parece haber aflorado un nuevo sentimiento de solidaridad con “otro” pueblo invadido y sometido a vejámenes y atropello a sus derechos humanos, como una moda, sin embargo nadie mueve un dedo en contra de terribles genocidios como el palestino, afgano, checheno o iraquí, por nombrar los principales. China no es ningún ejemplo de bondad, al contrario, pero este en caso es claro que las potencias occidentales tratarán de desautorizar a su gobierno (ex) comunista sin ver la viga en su propio ojo. Probablemente la imagen más cercana que tengamos algunas personas de ese lejana región del Himalaya es la entregada por Hollywood, en películas como “7 años en el Tíbet”, basada en el libro autobiográfico del alpinista austriaco Heinrich Harrer quien en la vida real se relacionó directamente con los nazis y trabajó con Hitler en definir parte de su historia. Todo lo demás es información confusa e interesada.

Coincidente con la visita de Michelle Bachelet y sus declaraciones en Beijing que significaron un apoyo explícito a las autoridades chinas, sería oportuno recordar que cuando se le preguntó una vez al alpinista Harrer por su pasado éste afirmó que lo suyo era “sólo deporte”. El resto no importa, ¿no le suena conocido?

Radio Santa María, 18.04.08