SEGUNDO TIEMPO
Por: Carlos Pérez Alvarado
Recién cumplida la mitad del periodo presidencial de Michelle Bachelet la derecha realiza su habitual balance -negativo por cierto- de estos 2 últimos años al mando del país, que se suman a los 18 años que lleva la Concertación en La Moneda, y en boca del presidente de la UDI Hernán Larraín, sentencia que; “Este Gobierno ha sido menos que mediocre (e) hizo perder a Chile la oportunidad de dar un paso al desarrollo”. Menciona, claro, las principales fallas de su administración; Las bajas cifras de crecimiento, la corrupción y el Transantiago.
En realidad a la derecha le sobran los motivos para criticar a la Mandataria sin embargo esos tres son los temas que lideran el ranking de los cuestionamientos y por algún tiempo la “incontrolable” delincuencia quedará desplazada a un cuarto lugar entre las que, según ellos, representan las preocupaciones más importantes de la “gente”. Paralelamente, a nivel internacional la Presidenta debe sobrellevar críticas de diferente tipo a las que recibe por parte de sus adversarios y la “ciudadanía de las encuestas” en Chile; una que ocupa los primeros lugares es su trato hacia los pueblos indígenas, visto en el exterior como desafortunado y altamente represivo. Ello en el contexto de la continuidad que le ha impregnado a un modelo económico considerado ultra liberal y muy distante de la ola de nacionalizaciones de los recursos naturales y de integración regional que se están registrando en gran parte de nuestro continente.
Es totalmente comprensible que la oposición intente obtener ventajas de esta situación, más aún si en La Moneda y las jefaturas regionales parecieran esforzarse por alimentar cada día esas acusaciones. No obstante en esas mismas encuestas los niveles de aprobación de la Alianza por Chile son tan bajos como los de la Concertación demostrando la falta de representatividad que está experimentado, en general, la clase política chilena. A pesar de ello la Alianza tendría serias posibilidades de ganar las próximas elecciones ya que en Chile ambos pactos convenientemente hegemonizan el poder de nuestra cuestionable democracia.
Si no hay cambios efectivos en este sentido, a fines de 2009 estaremos nuevamente obligados a optar entre uno u otro de estos conglomerados políticos (la Concertación o la Alianza) y no está contemplada la más mínima posibilidad que exista una tercera alternativa por la que podamos votar, debido –como sabemos- al nefasto sistema electoral binominal que rige en nuestro país y que impide que otras visiones tengan representación en el Congreso. Aparte de arbitrario este sistema y forma de elegir a nuestros representantes en el Parlamento y La Moneda constituye una de las principales causas que explican la baja participación de los jóvenes en política (y también de muchos adultos) a quienes estas dos alianzas en verdad no los representan.
Incluso con un miserable 5% de aceptación ciudadana a los comunistas les correspondería tener 6 Diputados y casi dos Senadores. Pero; ¿por qué en el Parlamento no hay además 3 Diputados Humanistas, un Senador ecologista o 6 congresistas independientes? Por ningún lado se vislumbra un ánimo genuino de legislar al respecto y aunque en esta materia acuse a la oposición de obstrucción legislativa, existen amplios sectores en la Concertación que erróneamente piensan que se benefician de estas normas y permanece convenientemente inamovible.
Es indudable que existe también un grave problema de liderazgo al interior de la cúpula gobernante y la ausencia de un llamado enérgico a legislar y aprobar una iniciativa para reformar el sistema Binominal por parte de la Presidenta es lamentable e incomprensible, sobre todo si considerara que esos parlamentarios, extra concertación o extra alianza, indudablemente preferirían apoyar a su sector y no a la oposición, especialmente cuando se trate de iniciativas que afectan las principales sensibilidades de la derecha, como lo es la clase empresarial a la que ésta suele defender con vigor. Este debiera ser el principal objetivo de este así llamado “segundo tiempo” del gobierno de Michelle Bachelet si desea ser recordada en el futuro como una verdadera estadista y no quiere que la Alianza por Chile gane el partido y asuma el poder en propiedad.
Radio Santa María, 14.03.08

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