REDES
Por: Carlos Pérez Alvarado
La televisión de libre recepción, es decir los canales “nacionales” (que en realidad son de Santiago), demoraron más de una década en llegar con sus señales a algunos pueblos de nuestra región. Hasta hoy en más de la mitad de ellos no se puede ver Chilevisión, Mega o La Red, si no es a través de la moderna TV satelital, la que resolvió con creces el problema técnico para obtener la señal, pero que está disponible sólo para quienes pueden pagarla. A diferencia de TVN, que pertenece al Estado pero que es manejado políticamente por un directorio controlado por la Alianza y la Concertación en parte iguales, todas las redes nacionales de TV son privadas.
Es lógico entonces que ninguno de ellos jamás haya estado interesado en invertir en dotar de sus señales a poblados como Puerto Bertrand o La Tapera. De hecho muchas localidades pudieron ver por primera vez TV recién a principios de los 90 gracias al Padre Antonio Ronchi que instaló parábolas por toda la región. En 1994 el gobierno de Patricio Aylwin gestionó unos pocos recursos para reemplazar esas precarias instalaciones por una estación y una señal un poco más dignas, aunque fuera para ver exclusivamente el canal de “todos los chilenos”. Actualmente el Estado entrega algunos recursos para corregir la pobre realidad de esos lugares apartados y de escasa población, sin embargo en los hechos no existe la voluntad necesaria para que la mayor parte de Aysén pueda ver todos los canales que operan o están disponibles en Chile. Menos aún se incentiva la creación de canales locales.
En otro plano, aunque nunca ha sido gratis hablar por teléfono, con los celulares ocurre un fenómeno parecido. En este caso las empresas que prestan el servicio también son privadas, más aún son extranjeras. La antigua Compañía de Teléfonos de Chile (CTC), que se demoraba meses en poner un aparato domiciliario, ahora es propiedad de capitales españoles y, junto a otras, también transnacionales, se esfuerzan por ofrecer equipos de última generación a la gente, siempre y cuando viva donde estén plantadas sus antenas, o donde haya suficiente población para que valga la pena invertir en la instalaciones de rigor.
A pesar de las jugosas ganancias, obtenidas principalmente de las deudas que el usuario contrae con ellas, esas empresas no están obligadas a operar en lugares donde no les es rentable. A modo de ejemplo, Entel registró ganancias netas por de más 35 mil millones de pesos entre julio y septiembre de 2007 y Movistar más de 92 mil millones en los 9 primeros meses del mismo año (un 273% más que en 2006), pero a ninguna de ellas le interesa tener clientes en Ñirehuao o Puerto Sánchez. Otra vez Estado debe intervenir, tarea que recién acaba de emprender, pero todavía existe un notorio déficit en la cobertura regional de un servicio que debiera estar al alcance de todos por igual, por el que debiera pagar un precio justo sin llegar éste a transformarse en un negocio ultra rentable para esas compañías que eluden o se les permite operar sin ninguna responsabilidad social.
Son esas mismas empresas las que manejan el servicio de Internet, virtualmente como otro negocio más. La Unión Internacional de Telecomunicaciones UIT, publicó un estudio que demuestra que en Chile pagamos 80 veces más que los países desarrollados por conexiones que se venden como banda ancha y que ni siquiera cumplen con las normas mínimas para ofertarse de ese modo. Nuevamente el Estado, en el caso de Aysén, debió subvencionar la extensión de la red de fibra óptica y es de esperar que prontamente sus beneficios lleguen a cada rincón de la región, en igualdad de condiciones.
La excelente idea de “iluminar” gratuitamente con la señal de Internet la Plaza de Armas de Coyhaique, igual como sucedió en diciembre de 2006 en todo Puerto Aysén, es el primer paso hacia la expansión y la “democratización” de éste y otros servicios que la ciencia y la tecnología ponen al alcance de los seres humanos para su beneficio, un ejemplo que nos acerca a lo que realmente me perece justo, necesario y posible. En suma; un derecho.
Radio Santa María, 08.02.08

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