OTRA VEZ LOS NACIONALISMOS
Por: Carlos Pérez Alvarado
Cada cierto tiempo afloran las causas nacionalistas o seudo patrióticas, muchas de ellas de discutible utilidad para nuestro país. Son esas oportunidades en que se escuchan los típicos llamados a la unidad nacional, supuestamente en defensa de nuestros legítimos derechos o de nuestra irrenunciable soberanía territorial.
A veces esas apelaciones llegan a extremos peligrosos y se desatan las pasiones. Probablemente una de esas ocasiones (la última grave), ocurrió a fines de 1978 cuando estuvimos a punto de ir a la guerra con Argentina. Mucha gente de esta región todavía debe recordar las encendidas arengas militares que se gritaban en las plazas públicas, en toda la zona patagónica, donde precisamente se concentró la tensión. Recordemos de paso que en Chile y en el país vecino, eran los militares quienes estaban al mando de los respectivos gobiernos y la opinión de los ciudadanos poco importaba. Afortunadamente todo se arregló y hoy podemos analizar el conflicto con la perspectiva del tiempo y todos los diagnósticos deben coincidir en lo absurdo que hubiese sido un conflicto armado con el hermano país, con sus trágicas consecuencias de muerte y destrucción entre dos naciones que debieran estar eternamente en paz y complementándose mutuamente en lo político, económico y cultural.
Posteriores episodios han hecho renacer esos vientos nacionalistas en la que se habla de “políticas de Estado” en los que todos los partidos políticos se unen y apoyan incondicionalmente las decisiones de la Primera Autoridad del país. Lo comprobamos en tiempos de Ricardo Lagos, quien recibió el respaldo unánime de los partidos de la Concertación y de la Alianza al golpearle con fuerza la mesa a Bolivia y sus pretensiones marítimas, ofreciéndole a los altiplánicos relaciones diplomáticas “aquí y ahora” en la cumbre del Mercosur de 2004, lo que no resolvió de ningún modo nuestras históricas diferencias.
Ahora ha surgido una nueva polémica, esta vez con el vecino del norte, Perú, debido a la decisión de ese país de llevar ante la Corte Internacional de la Haya un reclamo que reivindica soberanía sobre una extensa área del Océano Pacífico que la Cancillería siempre ha entendido como chilena, de hecho el Estado resguarda los límites mediante patrullajes de la Armada, la que retiene a los buques que traspasan esa frontera sin autorización. Esas embarcaciones, mayoritariamente pesqueras, no pueden usufructuar de los recursos allí disponibles pues le pertenecen a Chile, aunque -en realidad- los que explotan esa zona sean -sobre todo- buques pesqueros industriales de empresas extranjeras.
Nuevamente han emergido las acostumbradas y destempladas declaraciones del Diputado del PPD Jorge Tarud, mientras que el gobierno de la Presidenta Michelle Bachelet envía lo que en lenguaje diplomático se conocen como “señales” a Lima, llamando a consultas al embajador o asistiendo a una actividad con el Ejército, las que -obviamente- son interpretadas como gestos inamistosos en Perú. Es posible que estas demostraciones poco cordiales en parte escondan un problema de improvisación de los encargados de nuestras relaciones exteriores puesto que si los argumentos de Chile son tan contundentes, sólo resta esperar la favorable resolución de la Corte y no es necesario cuestionar el legítimo derecho del Perú a plantear su demanda; que les resulte es otra cosa.
Claro, en Perú (que también es un país subdesarrollado como nosotros) afloran por igual (o más aún), los sentimientos ultra nacionalistas y abundan los insultos en contra de nuestro país, como si restregáramos en una herida que todavía no cicatriza desde la Guerra del Pacífico y los acuerdos de 1929 cuando recién al país del norte se les devolvió la ciudad de Tacna.
Sin embargo, por alguna razón, en muchos otros casos similares –por qué no- en que verdaderamente están en riesgo nuestros intereses estas actitudes nacionalistas o patrióticas no surgen con el mismo ímpetu; por ejemplo cuando Frei y Menem convinieron en autorizar un verdadero enclave en la frontera de Chile y Argentina para que la transnacional minera Barrick Gold pudiera explotar sin restricciones de tránsito y de aduanas el oro binacional de Pascua Lama, o cuando se trata de recuperar los derechos de agua de nuestros ríos de la Patagonia actualmente en manos Endesa España para su usufructo particular. Ahí no existen las razones de Estado, sólo un conveniente silencio cuyos mezquinos fines no son muy difíciles de imaginar y que, al igual que los nacionalismos y patriotismos exacerbados, a nada bueno puede conducirnos.
Radio Santa María, 25.01.08

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