Patagonia Reverde

Monday, February 04, 2008

LOS MEDIOS Y EL CONFLICTO MAPUCHE
Por: Carlos Pérez Alvarado

Durante casi todo el tiempo que duró la huelga de hambre de los 4 comuneros mapuche y la activista Patricia Troncoso en la cárcel de Angol, así como las manifestaciones que se fueron incrementando en forma paralela hubo, no cabe ninguna duda, una notoria y –por qué no decirlo- deliberada indiferencia mediática acerca del conflicto, lo que ciertamente no se condice con su gravedad. En la TV casi no se han mostrado imágenes de los numerosos actos de protesta que se han efectuado a lo largo de Chile y el mundo, en solidaridad con los detenidos y en apoyo a sus causas; como en Concepción, Temuco, Valparaíso, Arica o Santiago, así como en Bélgica, Francia, Italia, Australia, Ecuador o Argentina, entre muchos otros lugares. En el país vecino 20 personas acamparon por varios días al frente del Consulado de Chile en Bariloche y unas 500 personas marcharon en la patagónica ciudad de El Bolsón donde los participantes borraron la frase “Por la razón o la fuerza” pintada en el escudo nacional, tallado en madera, que se encuentra en la Plazoleta República de Chile en ese lugar.

Con escasas excepciones, como el Canal 13 de la U. Católica que legítimamente destacó el importante rol que cumplió la Iglesia en la mediación entre la huelguista y un gobierno aparentemente contagiado con esta censura informativa o derechamente insensible, para el resto de la prensa el conflicto no fue digno de atención y sigue siendo ostensible la ausencia de reportajes o artículos sobre los particulares alcances de esa movilización recién finalizada, tampoco se ha ofrecido una indispensable explicación, más amplia y detallada, del origen y fundamentos de las demandas de ese importante segmento de población del país, muchas de ellas tan antiguas como de 1883, año en que culmina la llamada “Pacificación de la Araucanía”.

Obviamente todo esto dificulta que la ciudadanía, en general, disponga de los elementos de juicio mínimos o necesarios para opinar y muchas veces culmina haciéndolo con mucha liviandad. Las personas que tiene el privilegio (todavía) de navegar por la red mundial tal vez hayan visto el increíble nivel de odiosidad, racismo y clasismo que es posible encontrar en los foros o blogs del ciberespacio acerca de este tema y sus derivaciones. Sin embargo, a pesar de su limitado alcance, la Internet se transforma en una de las pocas instancias en donde se expone y se discute esta materia. Prácticamente sólo ahí se pueden conocer las repercusiones que los últimos acontecimientos han tenido en el resto del planeta y desde donde se deducía que el asunto se estaba tornando incontrolable para el gobierno, y sus consecuencias podrían haber afectado gravemente la imagen global de nuestro país, incluso entre nuestros socios comerciales europeos o de EE.UU. quienes no se caracterizan especialmente por defender los derechos de las minorías étnicas, fuera de sus fronteras. La presión la aumentaban los numerosos llamados de líderes mundiales y de organismos internacionales de derechos humanos, entre otras de la ONU, en favor de una solución pronta y efectiva.

Aunque no se difundió en los diarios, las radios, o no haya habido debates televisados, fue evidente que la Presidenta Bachelet postergó peligrosa e innecesariamente la resolución de este asunto provocando una verdadera espiral de reacciones que lamentablemente condujeron a la muerte del estudiante Matías Catrileo. La solución sólo podía llegar con una medida firme y contundente como la que emprendió finalmente la Primera Mandataria.

Es tradicional o esperable el rechazo que siempre han mostrado los sectores que defienden los intereses del capital, entre ellos la derecha política y una parte importante de la Concertación, así como la clase empresarial, que en este caso está representada por las familias Matte y Angelini, que en conjunto poseen 1.5 millones de Hectáreas de territorios que fueron ancestralmente mapuche, y que fueron adquiridos a vil precio al Estado en un remate de Conaf en los tiempos de Pinochet y que hoy son explotados con monocultivos de pino o eucaliptos por las empresas forestales Mininco y Arauco o inundados para generar hidroelectricidad por Endesa o Colbún.

Probablemente Bernardo Matte, precisamente el dueño de Colbún, socio de Endesa en HidroAysén, y propietario del fundo Poluco Pidenco incendiado por los presos mapuche, debe estar muy descontento con la medida adoptada por la Presidenta, sin embargo es ésta la oportunidad de demostrar que no siempre se les puede dar en el gusto a estos señores y Michelle Bachelet, a pesar de lo tardía, debe mantenerse firme y apoyada en su decisión.

Radio Santa María, 01.02.08

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