DEFINICIONES NECESARIAS
Por: Carlos Pérez Alvarado
Entre los principales acontecimientos políticos del año que recién terminó, y que puede llegar a tener insospechadas repercusiones, está la expulsión del Partido Demócrata Cristiano del Senador Adolfo Zaldívar Larraín, representante de la 18va. Circunscripción de la Región de Aysén. De hecho, el bombardeo mediático que desplegó toda la prensa a propósito de la “extraordinaria” noticia, convertida en una preocupación nacional durante varios días, no fue menor.
Las causas que originaron la dura medida no se limitan solo a su voto en contra del financiamiento del Transantiago, como le ordenaba su partido, si no a una acumulación de polémicas conductas anteriores que permanecían muy bien apuntadas en su “hoja de vida”, entre ellas su notoria falta de compromiso y participación en las campañas presidenciales de Ricardo Lagos y Michelle Bachelet, luego que sus propias posturas en los procesos internos previos no obtuvieron el respaldo de la mayoría. Respecto de su voto en contra de esa calamidad llamada –todavía- Transantiago, creo que es perfectamente legítimo sostener que ese Plan debe ser enteramente reformulado antes de continuar consumiendo millonarias sumas de nuestros impuestos, los que más bien debieran gastarse en inversiones productivas y sociales y no en salvaguardar los intereses de los empresarios involucrados. Aunque esta visión fuese mayoritaria entre la gente, si hay una orden de partido, con esa lógica político-partidista absurda (por decir lo menos), no hay nada más que hacer.
En otro plano, mientras tuvo influencia al interior del partido, en especial cuando fue su presidente, el Senador Zaldívar consiguió colocar a varios funcionarios de su línea (o corriente) en diferentes cargos públicos, de diversa importancia. Hoy, muchos de ellos podrían tener sus cargos pendiendo de un hilo, sin que se escapen algunos en esta región. Se supone que pronto podrían “rodar cabezas” entre las autoridades militantes conocidos como “colorines”, que tienen una deuda de lealtad con él y siempre lo apoyaron. Cada día van quedando en evidencia los que siguen firmes junto a él y quienes prefieren desmarcarse por legítima convicción o por conveniencia acomodaticia. Más aún, no es extraño que en el resto de los partidos del conglomerado gobernante ya estén sacando sus propias cuentas ante este posible reordenamiento de las fuerzas. Dicho sea de paso, este tipo de maniobras, que no es patrimonio de la DC y que ya parece tradición, no es ninguna ofensa o crítica malintencionada a la actividad política; ya no es debate si esto está bien o está mal y sin una encuesta científica a la mano ni siquiera es posible saber si esto le molesta o no a la ciudadanía, sin embargo no sería extraño que la gente ya esté cansada de ésta y otras prácticas de la clase política en general.
Es posible que muy pronto veamos consecuencias concretas de esta expulsión, orquestada por la cúpula dirigente de la DC, particularmente en Aysén; de partida oficialmente ya no tenemos a ningún representante en el Senado que pertenezca a la coalición de Gobierno sino que a uno independiente y otro de oposición; Eso no es insignificante. Por sus recientes declaraciones queda claro que su actuar en el futuro es menos predecible y su poder de influencia se reduce –también- en el nivel local donde tampoco puede eludir las duras críticas que se le formulan por su falta de arraigo con la región que representa. Continúa siendo desconocida su postura respecto de los megaproyectos hidroeléctricos en Aysén y sus reiteradas críticas al modelo económico se basan en la idea de modificarlo (no cambiarlo completamente, como –él- asume que es la idea de la izquierda extraparlamentaria) pero sin explicar cómo se puede hacer eso sin imponerle normas más estrictas y razonables a las grandes empresas mineras, salmoneras, de telecomunicaciones o generadoras de energía. Su intención de crear un nuevo referente político es otro de sus anuncios, pero su discurso carece de la sustancia ideológica suficiente para convertirse en una alternativa real a lo que ya tenemos.
Tiempo para las necesarias definiciones del Senador Zaldívar.
Radio Santa María, 04.01.07

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