FARÁNDULA POLÍTICA
Por: Carlos Pérez Alvarado
Pareciera ser que la noticia más importante por estos días en nuestro país es la suspensión de la militancia de la Democracia Cristiana del Senador por la XI región Adolfo Zaldívar Larraín y su eventual expulsión de esa tienda política, adoptada por la directiva nacional. El origen de la controversia se encuentra en la negativa del parlamentario a acatar la orden superior de su partido de apoyar la solicitud del Ejecutivo para que el Congreso otorgue otros 145 millones de dólares (es decir, unos 75 mil millones de pesos) para el financiamiento del catastrófico plan Transantiago, los que se suman a los 290 millones aprobados con anterioridad y la misma cantidad asignada para el resto de las regiones, en “compensación”. Se critica también un acuerdo firmado por él en conjunto con la opositora Alianza por Chile, algo imperdonable según sus acusadores. A tal punto ha llegado la disputa interna en la DC, integrante de la Concertación por la Democracia, que amenaza con un cisma de proporciones pocas veces visto y que está resquebrajando la unidad de todo el oficialismo.
No cabe ninguna duda que en la actualidad la clase política dominante, es decir la Concertación y la Alianza, se encuentra abiertamente enfrascada en una incompresible y anticipada carrera presidencial, cuando la actual Mandataria ni siquiera ha cumplido la mitad de su periodo que finaliza el año 2010. Muchos Diputados y Senadores ocupan casi todo su tiempo en andar proclamando pre-candidaturas, mientras otros ya se encuentran definitivamente en carrera. Sus temas, aparte de atacar o defender al Gobierno, según sea el caso, se centran en asuntos muy lejanos para la ciudadanía como la repartición de cargos públicos, o temas que le reportan fáciles dividendos políticos, como criticar los gobiernos de países vecinos o repudiar mediante mociones en el Congreso al Presidente de Venezuela, cuando en su lugar podrían estar promoviendo la posibilidad que en Chile también podamos acudir a las urnas para decir si estamos o no de acuerdo con la actual Constitución de la República, la que jamás ha sido legitimada por los chilenos, legislar para recuperar la propiedad de nuestros recursos naturales o para reformar al perverso sistema electoral binominal que excluye de representación en el Parlamento a las minorías, y que lleva 17 años sin resolverse, a pesar de sus promesas.
Estamos cada vez más lejos de que chilenas y chilenos podamos reconocer en nuestros representantes una preocupación genuina por los problemas que nos afectan directamente. Ello explica que, según varias encuestas, hoy día más de la mitad de la población manifiesta no adherir a ningún partido político y todas estas rencillas partidistas resultan intrascendentes cuando persisten conflictos sin solución como los vergonzosos índices en la repartición de la riqueza, los bajos sueldos o las amenazas del neoliberalismo en contra del medio ambiente y nuestra cultura.
Ninguno de los parlamentarios de nuestra región se asomó en la cabalgata “Patagonia sin Represas” y no han dicho públicamente ni una sola palabra por lo ocurrido el día 27 de noviembre en la Plaza de Armas de Coyhaique. Tampoco llegaron los que previamente anunciaron su venida desde otras regiones a participar en los tramos finales de esta gran manifestación; como Marco Enríquez-Ominami, Ramón Farías, Enrique Accorsi y Sergio Aguiló.
Me parece que la actuación de la clase política se acerca mucho a lo que ocurre con la farándula de espectáculos que hoy reina en los medios de comunicación. De hecho, aunque la gente nunca antes haya oído hablar de esos políticos que no llegaron para la foto junto a nuestros jinetes, tal vez sí les suene que Enríquez-Ominami es el marido de la animadora de TV Karen Doggenweiler y Farías fue actor de telenovelas y cantante.
Nada más que “farándula política”, tan importante para el país como las plumas del vestido de Marlene Olivarí.
Radio Santa María, 07.12.07

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