EL 2008 QUE VIENE
Por: Carlos Pérez Alvarado
Es tradicional que durante la última semana del año hagamos balances de todo tipo; personales, familiares, como comunidad, como país, como planeta. Son tiempos, como dice el cliché, de reflexión, de análisis o de cuestionamientos. Fines de diciembre es el tiempo dedicado a pensar en qué hicimos bien y qué hicimos mal como personas o como sociedad, prometiendo ser mejores el año que está por llegar. Desgraciadamente muchas de esas promesas con el correr del tiempo se van esfumando hasta desaparecer y volver a renovarse sólo 365 días después. Puede que para mucha gente éste haya sido un buen año, pero para que a fines de 2008 estemos más satisfechos que de este 2007 es necesario tener presente que son imperiosos algunos cambios en el planeta, el país y la región. Aunque se crea o se insista en lo contrario, muchos de ellos son perfectamente factibles.
No es pesimismo pero, como cada año, es inevitable que en el mundo se registren nuevas catástrofes, de toda índole (especialmente en los países más pobres), sin que las súper potencias reconozcan su parte de responsabilidad en ellas debido a su mal comportamiento ambiental y su consiguiente incumbencia en el ya innegable cambio climático. Es muy lamentable pero habrá más hambre y muerte en África, el Medio Oriente y Latinoamérica sin que ello preocupe demasiado a quienes podrían resolver ese problema. EE.UU., a pesar de ver mermada su influencia económica, militar, incluso cultural en el resto del planeta, mantendrá su criterio belicista para imponer sus deseos o para jugar a ser la policía planetaria. China e India continuarán encaminados a convertirse en las nuevas potencias económicas del globo sin que nadie les pueda prohibir la utilización de niños y esclavos en sus fábricas, Japón proseguirá intentando asesinar un millar de ballenas para “estudiarlas”, la venta de armas continuará aumentando y seguirá habiendo dictadores asesinos y corruptos en muchos lugares, aún.
Eso no cambiará con el espectáculo de los Juegos Olímpicos en Beijing o con la elección del sucesor de W. Bush, pero sí es probable que nuevas alianzas entre las naciones, particularmente de Latinoamérica, se concreten para enfrentar unidas los nuevos desafíos de finales de la primera década del siglo XXI. Acuerdos económicos, sociales, culturales o energéticos se están produciendo en pos de una necesaria integración y de mejores condiciones para competir en el nuevo orden mundial. Ello puede acarrear una mejor justicia social y una disminución de la pobreza si es que viene acompañada de una participación realmente democrática de la ciudadanía.
En Chile, los gobiernos nacionales, regionales o comunales, hacen sus propios balances y, como políticos que son todos, generalmente éstos son más positivos que negativos; “Hicimos esto y aquello”, “A pesar de que nuestros opositores hacen todo lo posible para que nos vaya mal, nosotros tenemos la razón”, “A pesar de haber cometidos algunos errores, la decisión estuvo bien tomada” y otras parecidas, son frases que ya estamos acostumbrados a oír.
Si esta situación no varía, quiere decir, otre otros aspectos, que continuaremos permitiendo que las grandes empresas obtengan ganancias ultra millonarias a costa de explotar nuestros recursos naturales, beneficiándose de condiciones extraordinarias y usureras o pagando sueldos poco éticos, sin que nadie les ponga atajo. Quiere decir que la poca participación se perpetúa, no sólo porque es poco fomentada desde el gobierno sino que debido a una peligrosa falta de compromiso nuestra. Aunque en 2008 se celebrarán nuevas elecciones municipales, es muy difícil que previamente sea modificada la poco democrática Ley Electoral Binominal que nos rige y no nos quedará otra opción que soportar -una vez más- las habituales disputas al interior de los partidos tradicionales y volver a escuchar sus promesas de siempre. Si nada cambia en 2008 nos seguirán tratando de convencer que no hay alternativas a represar los ríos de Aysén, no sólo el Baker y el Pascua, sino el Cuervo, El Blanco, el Cóndor, el Puelo, el Cisnes, el Figueroa, el Futaleufú, etc. lo que supera varias veces las necesidades energéticas de Chile y es sólo una muestra de la ambición de esas empresas. De unos pocos.
Yo creo que es bien fácil; Depende únicamente de nosotros y de nuestras autoridades un mejor balance a fines de 2008. De nosotros creer que los cambios son posibles y de quienes nos gobiernan un mayor compromiso y coraje para mejorar las condiciones de vida de la gente y corregir los vergonzosos índices en la distribución de la riqueza. Una mayor integración con Latinoamérica y establecer justos límites el poder empresarial, nacional y transnacional, que se cree dueño del país y de la región, serían un buen comienzo.
¡Feliz 2008 con una Patagonia Sin Represas!
¡Feliz año para todas las ayseninas y todos los ayseninos!
- Radio Santa María, 28.12.07

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