PIÉNSELO
Por: Carlos Pérez Alvarado
El gobierno de la Dra. Michelle Bachelet parece muy poco receptivo a las críticas que se le hacen desde distintos frentes, comenzando por la derecha representada en la Alianza por Chile, algunos miembros de su propia coalición, personificados en los llamados parlamentarios “díscolos”, de la izquierda extra-parlamentaria o de independientes. Sus respuestas muchas veces generan más controversias aún, en especial cuando livianamente denuncia una actitud “machista” en su contra.
Veamos, a modo de ejemplo, lo que sucede en el plano de su política exterior. Recordemos, para comenzar, al Ministro de RR.EE. Alejandro Foxley en julio de 2007 anunciando que exigiría explicaciones y plantearía una queja formal a las autoridades canadienses por la agresión que afectó a los integrantes de la selección chilena de fútbol Sub 20, sin pensar (o sospechar) que podía existir otra verdad, como efectivamente después se descubrió. A estas alturas lo ocurrido se podría catalogar como un “bochorno diplomático”, de los que hay varios otros ejemplos; la fracasada gestión (a pesar de la promesa del Presidente Lula da Silva), para deportar desde Brasil al escapado pederasta “Sakarach”, el que hasta hoy permanece sin cumplir su condena en Chile. Difícil de entender es que la Presidenta no quiera recibir en la Moneda al Dalai Lama, premio Nobel de la Paz 1989 (por presiones de China) o al juez español Baltasar Garzón (por presiones de la derecha) y sí pueda aceptar la visita del ex presidente español y compinche de Bush en la invasión estadounidense a Irak, José María Aznar. O, como hace pocos días, la Mandataria sostenga una enigmática audiencia con el Secretario de Defensa de EE.UU., jefe del Pentágono y de las políticas militares de esa agresión genocida en el medio oriente, Robert Gates, quien también visitó El Salvador, Colombia, Perú y Surinam (algunos de los pocos aliados de EE.UU. en la región). ¿Qué tiene que conversar este señor con el Gobierno chileno? Cómo comprender la actitud de la Presidenta al aceptar la invitación de W. Bush a sentarse a cenar con él, en el marco de su visita a la Naciones Unidas, solo unos días después de que se hicieron públicas las presiones de la Casa Blanca para que Chile apoyara su guerra (algo que ya se sabía). ¿No pudo disculparse amablemente, o realmente no le encuentra nada de malo?
Pero, la mayor crítica que se le puede hacer a la política exterior del actual gobierno es su indiferencia con el proceso de integración Latinoamericana, dándole un portazo a un sinnúmero de posibilidades extremadamente convenientes para todo Chile, en especial en los planos económico, social y cultural. Extrañamente, esto no es tema en el debate nacional.
Por años nos han vendido una imagen casi diabólica del Presidente venezolano Hugo Chávez, usando incluso epítetos racistas en su contra, sin embargo un acuerdo multilateral permitirá a Argentina y Brasil (y muy pronto Bolivia y Paraguay) recibir petróleo desde Venezuela a precios muy rebajados, gracias al Gasoducto del Sur, proyecto al que se podría unir nuestro país resolviendo así numerosos problemas, como el alto costo de los combustibles o posibilitando un menor costo en la generación termoeléctrica que conllevaría un ansiado abaratamiento de las tarifas eléctricas.
Por décadas nos han enseñado que, por ningún motivo, debemos negociar nuestra “soberanía” con Bolivia y nos automarginamos de la posibilidad de obtener el gas que ellos tienen disponible en abundancia para un siglo más, satisfaciendo de forma permanente la demanda de las cercanas empresas mineras del norte de Chile adonde, en definitiva, va a parar la mayor parte de la energía producida. Es más, inversionistas chilenos podrían invertir y ayudar a la industrialización de los hidrocarburos como requiere e incentiva el país vecino. Todos ganaríamos, inclusive la propia Presidenta Bachelet. Piénselo.
Radio Santa María, 11.10.07

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