Patagonia Reverde

Tuesday, July 24, 2007

LA UNIÓN
Por: Carlos Pérez Alvarado

El día 27 de junio recién pasado un grupo de pobladores de Villa Mañihuales se manifestaron en contra del mal servicio que está prestando la empresa eléctrica Edelaysén S.A., en el marco de una reunión del Concejo Municipal de la comuna de Puerto Aysén, efectuada en dicha localidad y a la que asistió, además del Alcalde Oscar Catalán y los miembros del Concejo, el Gerente Zonal de esa empresa. Los usuarios, cansados de los cortes reiterados (que han durado hasta 3 días) y de la inutilización de sus artefactos eléctricos domésticos debido a la inestabilidad del voltaje en el suministro, exhibieron carteles que decían “somos el lado oscuro de la región”, o el infaltable “queremos soluciones”.

Pareciera ser que el malestar debe llegar a límites bastante insoportables, como en este caso lo es carecer de un servicio básico por el que se pagan las tarifas más altas del país para funcione con un mínimo de fiabilidad, para tener la iniciativa de acudir a una reunión pública como esa y mostrar pacíficamente su descontento.

Aunque escasos, en nuestra región, actos parecidos han ocurrido con otros servicios, como en el transporte marítimo pero, en general, al igual que en el resto de Chile, la gente no está acostumbrada a reclamar por sus derechos, ni siquiera haciendo uso de las poco conocidas normativas que el Estado pone a disposición de la población, como lo son algunos fondos concursables para las asociaciones de consumidores que, por lo mismo, son muy pocas o no se encuentran organizadas y legalizadas convenientemente para que accedan en la práctica a esos beneficios.

A pesar de que promueve las demandas colectivas en contra de las empresas acusadas de abusos o de mala atención, las personas que recurren al Servicio Nacional del Consumidor (Sernac) para plantear sus pataleos son menos de las que se podrían esperar, de acuerdo a la enorme cantidad de situaciones irregulares que se presentan habitualmente en nuestra vida cotidiana.

Todavía sigue siendo tremendamente engorroso y difícil, por ejemplo, demostrar que el refrigerador o el imprescindible computador se quemaron después un imprevisto corte de energía. También lo es exigir que las horas sumadas en que el servicio de internet no está disponible en nuestro hogar, y que podrían llegar a varios días, se debieran descontar de la cuenta mensual que –por el contrario- nunca se olvida de los intereses y las multas por el retraso en los pagos. Cómo reclamar por el pésimo servicio de las barcazas, o el agua en la bencina o la parafina, el trabajo mal hecho de un gásfiter, los altos precios de los pasajes aéreos, la publicidad engañosa de las empresas telefónicas, etc., etc., si no ello no significa dedicarle un tiempo que la gente no está dispuesta a invertir si al fin y al cabo la última instancia siempre consistirá en contratar un abogado para continuar con la demanda, lo que puede costarle decenas de veces el monto involucrado.

No hay dudas de que es muy necesaria la promoción de la legislación y los derechos que el Estado pone a disposición de los consumidores o los usuarios para canalizar en forma adecuada sus correspondientes reclamos, pero a esto también debe sumarse la importante unidad de los ciudadanos afectados por problemas similares. Sólo así sería posible conseguir acabar con los abusos, sin tener que verse obligados a gritar con pancartas como único y desesperado recurso. Si esto empieza a multiplicarse (tal como están proliferando los problemas eléctricos, no sólo en Mañihuales sino que en toda la región de Aysén), obviamente sus consecuencias recaerán sobre el propio Gobierno.

Radio Santa María, 19.07.07

Tuesday, July 17, 2007

LA SELECCIÓN DE ACOSTA
Por: Carlos Pérez Alvarado
Radio Santa María, 12.07.07

El fútbol de Nelson Acosta era insufriblemente burocrático y pasado de moda. Al igual que en los pretéritos tiempos del “guatón” Santibáñez, los jugadores continuan pasándose la pelota unos con otros, como si fuera una bola caliente que les quema en los botines, haciendo no menos de 10 pases antes de avanzar y cruzar la mitad de la cancha. Por suerte ya no está permitido devolvérsela al arquero, para que éste no la agarre con sus manos y demore aún más el juego, porque si no retrocederíamos 30 años en lugar de acercarnos siquiera en algo a la velocidad del fútbol europeo (ése que sólo mira hacia el arco contrario). Parecerse incluso al argentino, mexicano o brasileño que evidentemente han progresado muchísimo en el plano físico, sin renunciar a su reconocida y exquisita técnica en el control del balón.

Nadie puede discutir que en nuestro país, durante toda la época de Acosta, han existido excelentes jugadores, muchos de los cuales son o han sido verdaderas figuras en el extranjero, pero que al interior de un grupo mal dirigido, en el que se incluyen algunos que hace mucho tiempo que no juegan o derechamente son malos para la pelota, pero que –por alguna extraña razón- son amigos o regalones del calvo Director Técnico, lógicamente no pueden rendir de la misma forma que lo hacen en sus equipos de origen. Más encima los pone en los puestos equivocados. Si Mark González o Rodrigo Tello en Europa juegan en el mediocampo del Liverpool de Inglaterra o del Celtics de Portugal, el “profe” los manda a jugar en la defensa; ridículo.

Finalmente, la “roja” de Acosta ha demostrado elevados índices de mala conducta entre sus dirigidos; futbolistas que llegan con la “caña” a los entrenamientos o hacen ingresar alegres mujeres a las habitaciones del hotel donde se alojan, en lugar de concentrarse 100% en el próximo partido. El jefe ha perdido toda la autoridad sobre el grupo y no ha sido capaz de detener el escándalo, llegándose a límites extremos como permitir comportamientos xenófobos y racistas en contra de nuestros hermanos latinoamericanos. Son los mismos jugadores que, sin argumento futbolístico alguno, se agrandan excesivamente ante los países más chicos, pero que se asustan completamente con los que siempre le han dado guaraca, como Brasil, que nos tiene de caseros.

Tengo la impresión que la mayoría de la gente de nuestro país (y a la que le gusta este deporte) tiene muy claro cuál es la “problemática” en este asunto y que impide el despegue definitivo del fútbol nacional, que sigue postergando una y otra vez las legítimas ansias de triunfos internacionales de nuestros representantes; el juego burocrático, el mal comportamiento de sus deportistas, la falta de liderazgo y la incapacidad del cuerpo técnico. Otra gran parte conoce (o cree conocer) cuál es la “solucionática” del caso; esto es, exigir el cambio del entrenador.

¿Le suena esto conocido?

Siempre ha sido igual, y en todos ámbitos, incluido la política, esencialmente porque no hay nada más chileno y que refleje sin tapujos nuestra realidad como país que la selección de fútbol. Como la Burocracia que tenemos que soportar cuando hacemos algún trámite o un reclamo y nos derivan de una oficina a otra sin que nadie se quiera hacer cargo del problema. Como el pésimo desempeño de algunas autoridades debido a la falta de liderazgo o a la ineficacia de las autoridades mayores. Como el menosprecio con que se expresan otros al referirse a la comunidad peruana que reside en Chile.

Por fortuna la nueva generación Sub-20, aunque ya la estén llamando la “rojita”, así como “chiquitita”, todo lo contrario a lo que está demostrando en la cancha con sus soberbias actuaciones en el Mundial de Canadá, se asoma como la nueva esperanza para que el fútbol chileno salga de los potreros, de una buena vez.

Tal como lo consiguieron los estudiantes secundarios y sus movilizaciones para reformar la educación pública, o como se organizan los “Jóvenes Tehuelches” para defender nuestra Patagonia. Savia nueva es lo que necesitamos, y un nuevo y mejor entrenador para nuestra selección, por supuesto.

Tuesday, July 10, 2007

¿HASTA CUÁNDO?
Por: Carlos Pérez Alvarado

Hace unos 20 años tener un teléfono en una casa en Coyhaique o en Puerto Aysén era tremendamente difícil debido a que el trámite para conseguir uno era muy largo, engorroso y caro. Por su parte, para las localidades rurales del interior contar con ese útil y primordial medio de comunicación que, entre muchas otras importantísimas prestaciones puede contribuir a salvar vidas, era prácticamente impensable.

A pesar de contar con una cobertura mucho más expandida, por ese tiempo la situación en el resto de Chile no era muy diferente; reinaba la antigua Compañía de Teléfonos de Chile (CTC), empresa estatal sumamente burocrática e ineficiente que mantenía en una condición de retraso tecnológico del servicio a todos los usuarios de las regiones donde operaba. En Aysén funcionaba una empresa filial, más pequeña e independiente que con recursos del Estado nunca fue capaz de satisfacer la creciente y justificada demanda local.

Después vino la privatización de la CTC, en medio de la fiebre enajenadora de empresas públicas desatada durante el régimen de Pinochet, a la que se agregaron otras como Entel-Chile, que comenzaron a competir entre ellas y a participar del mercado nacional junto a la nueva CTC (que fue comprada por empresarios españoles) y otras nuevas compañías, realmente revolucionaron esta forma de comunicación con sus variadas ofertas, escenario desconocido hasta esa época. A través de esta fórmula (en todo Chile y sin que nos diéramos cuenta, o tuviéramos oportunidad de discutir la medida) otro servicio básico, que necesitamos todos por igual, también se transformó en un negocio.

Al poco tiempo estas nuevas políticas llegaron a beneficiar también a nuestra región y mucho más gente pudo acceder –por fin- a un aparato de teléfono, esperado por tantos años. La competencia hizo que los costos de instalación bajaran hasta llegar a cero y en la capital regional, el vecino Puerto Aysén y en unas pocas partes más, los teléfonos fijos residenciales proliferaron (algo muy parecido a lo que hoy está sucediendo con la telefonía móvil).

A pesar de todo ello, extensas zonas y la mayoría de los pueblos y villas de nuestra región, afectados en gran medida por las condiciones geografías y de aislamiento (que a su vez redundan en obstáculos de factibilidad técnica), en pleno siglo XXI siguen sin poder usar este viejo invento del siglo XIX. Se trata, sin duda, de un problema de financiamiento; resulta demasiado caro para esas empresas resolver esas dificultades y no pueden (o simplemente no quieren) asumir las acciones necesarias para llevar a El Blanco, La Tapera, Villa Amengual, Tortel o Puerto Bertrand, un servicio de telefonía residencial o móvil que conecte a su gente con el resto del mundo, como legítimamente merecen y como lo amerita la tecnología digital de “ciencia ficción” que está hoy disponible en el resto del país y del mundo. A menos que exista el espíritu filantrópico de algún multimillonario, sigue siendo más fácil comunicarse con Villa O´Higgins que con Ñirehuao o Villa Ortega aquí, a no más de 30 kms. de Coyhaique.

Es cierto, la privatización de la telefonía en Chile ha permitido que muchísimos más chilenos cuenten con un aparato de teléfono en sus hogares o un celular en sus manos, pero eso ocurre sólo donde el mercado, es decir el número de potenciales clientes, le asegura a esas empresas las ganancias correspondientes, que no son pocas, más aún cuando además se les permite el uso de prácticas abusivas en sus cobros. El Estado no sólo no asume integralmente esta responsabilidad, sino que tampoco puede obligar a esas compañías a perder dinero.

Se configura de este modo otro ejemplo en donde el sistema privado no funciona (o derechamente no sirve) por igual a toda la población de nuestro país y eso continuará siendo así mientras no cambiemos un modelo económico que postula y favorece que un servicio básico como el de la telefonía sea sólo responsabilidad de los privados.

Tuesday, July 03, 2007

POR FAVOR PÁSAME EL RAID
Por: Carlos pérez Alvarado
Radio Santa María, 28.06.07

El lunes 25 recién pasado, para variar, se emitió otro especial de TV sobre el “robo hormiga”. Nuevamente, con ayuda de las omnipresentes cámaras de vigilancia, se expuso y denunció una vez más la forma en la que un menor de edad, y por enésima vez, se roba un tarro de leche o una botella de shampoo desde un supermercado. El acto, sumado a otros miles y similares de los que esas grandes cadenas son víctimas, -según ellos- le significan pérdidas por unos 200 millones de dólares al año. En el programa “Informe Especial” de TVN se habló de 45 mil imputados por tales delitos, lo cual no quiere decir necesariamente que éste sea el mismo número de personas involucradas, ya que muchas de ellas han sido procesadas decenas de veces sin que puedan permanecer en la cárcel por mucho más tiempo, como un amplio sector de la población desearía. Tanto es así que muchos de estos malandrines son rostros ampliamente conocidos y habituales entre los afectados, los jueces o en los centros penitenciarios.

Nadie sabe (porque no se informa), si esas grandes empresas tienen contratados algún tipo de seguro contra este tipo de sustracciones desde las góndolas de exhibición al público, o si tienen o no considerado estos márgenes de pérdidas dentro de los cálculos de operación de sus mega negocios. Lo que sí pareciera intentarse es dejar establecido que éste se ha transformado en un problema casi sin solución y que amenaza con volverse incontrolable si no se hace algo al respecto. Por lo menos ahora, gracias a la promulgación de la Ley que rebaja la edad de la imputabilidad penal hasta los 14 años, aquellos menores de edad que participan en este tipo de robos tendrán menos posibilidades de salir incólumes.

Extrañamente, en este tipo de programas nunca se consulta a ningún profesional respecto de si las malas costumbres de estas bandas organizadas tienen que ver con un problema de necesidad económica (pobreza, cesantía, hacinamiento, etc.), de algún tipo de enfermedad (como la cleptomanía o la esquizofrenia), o simplemente se trata de gente que roba por puro gusto; como si en la mañana se despertara y lo primero en que piensa es “adonde voy a ir a robar hoy día”.

No sólo este informe especial de TVN sino que innumerables otros reportajes sobre el mismo tema dan la impresión de que a los medios de comunicación sólo les interesara mostrar los delitos en contra de estas gigantescas empresas, en manos de un grupúsculo de inversionistas, muchos de ellos extranjeros, como las cadenas de supermercados o grandes tiendas, y no los que se cometen directa y reiteradamente en contra de los consumidores y que –por el contrario- afectan el bolsillo de millones de chilenas y chilenos

A mí me gustaría que se hiciera un Informe Especial que nos mostrara cómo las empresas de telecomunicaciones, por ejemplo, cometen robo hormiga cuando, entre muchas otras artimañas comerciales que le son permitidas, ya no podemos ocupar una tarjeta de prepago porque le quedan sólo 20 miserables pesos, que no alcanzan a activar una llamada pero que sumadas a las miles de otras insignificantes monedas en todo Chile terminan por convertirse en millonarias entradas para estas corporaciones. O cuando son libres de cobrar intereses y multas por valores que alcanzan hasta 40 veces el monto de la deuda, o cuando nos cobran por reponer (desde un computador) un servicio cortado por no pago, o cuando no nos descuentan el tiempo en ese servicio no funciona o que funciona en pésimas condiciones. Eso sí que es “robo hormiga” ¿no le parece?