Patagonia Reverde

Wednesday, June 06, 2007

¡CALEFACCION ELECTRICA, AHORA!
Por: Carlos Pérez Alvarado

Nuestra región tiene disponibles para su consumo alrededor de 23 MW de electricidad. El sistema de generación, transmisión y distribución, a diferencia del resto del país, es operado por una única empresa; Edelaysén S.A., atendiendo a una población cercana a los 90.000 habitantes. La capacidad instalada de Edelaysén, que en realidad es una filial de la empresa Saesa S.A., la que a su vez pertenece a la transnacional estadounidense Public Service Enterprise Group (PSEG Global), incluye mayoritariamente centrales termoeléctricas (o petróleo diesel, 64%), además de las hidroeléctricas (28%) y eólicas (8%).

Cuando se argumenta que nuestra región tiene el potencial hídrico para producir más de 8 mil MW parece irrisorio que Aysén no pueda cubrir sus propias necesidades de energía mediante ese recurso. Por supuesto que la iniciativa de implementar sistemas eólicos es loable pues produce menores impactos ecológicos (aunque son muy caras), sin embargo una minicentral hidroeléctrica –digamos- de unos 25 MW duplicaría la oferta de electricidad residencial e industrial existente y sus consecuencias ambientales así como los costos asociados serían bastante pequeños comparados con los 2.500 MW que quiere producir Endesa-Colbún en los ríos Baker y Pascua.

Pero; ¿porqué no se hace?

En primer lugar porque utilizar los cauces de los ríos para estos fines está regulado por el Código de Aguas, recién modificado el año 2005, el cual otorga a Endesa la gratuidad del uso de las aguas, adueñándose de casi todos los ríos y lagos desde Palena al sur hasta el año 2012. A partir de entonces, si no usa esos derechos, de acuerdo a la nueva normativa se le comenzará a cobrar una patente con la finalidad de desincentivar el acaparamiento y la especulación (dicho sea de paso, para el resto del país esa norma comenzó a regir desde el 1 de enero de 2006).
En estas condiciones, Edelaysén no puede llegar y construir una central para dar el servicio a nuestra región en cualquier parte, y probablemente si pudiera tampoco lo haría si la demanda no le asegura recuperar los costos de la inversión. A pesar de su potencial, las condiciones que impone el sistema económico neoliberal, apoyado por casi todos los políticos y convertido prácticamente en una verdad absoluta, Aysén no tiene la opción de decidir por sus propios proyectos energéticos, que aprovechen una mínima parte de estos recursos hídricos que posee en abundancia, y para su propio beneficio. Las eventuales o urgentes demandas de Aysén quedan supeditadas a las políticas nacionales que, precisamente hoy, buscan resolver de manera apremiante una supuesta crisis de abastecimiento para las empresas mineras del norte o para los hogares de la región metropolitana.

Sólo al Estado le corresponde tomar el control de la propiedad de los derechos de las aguas empezar a resolver –en primer lugar-, los problemas regionales y particulares, que no han sido ni serán jamás solucionados por empresas privadas como Endesa-Colbún, Saesa, o Edelaysén, como ofrecer –por ejemplo- una solución definitiva a la falta del servicio continuo las 24 horas en Melinka, Puerto Aguirre, La Tapera y muchos otros de nuestros pueblos, ni tampoco el sistema neoliberal que privatizó la generación de la energía entregando (de yapa), los derechos de aguas, tampoco ha podido lograr rebajar en algo las elevadas tarifas de consumo que pagamos.

El Estado, si quisiera –porque puede- podría resolver de una vez y para siempre el eterno y grave problema de la calefacción en Aysén utilizando para ello una minicentral construida con mínimo impacto ambiental, en alguno de nuestros incontaminados ríos, y que implica el 1% de lo que HidroAysén pretende llevarse directamente a Santiago, esperando que aceptemos sus migajas. Ninguno de nuestros representantes en el Parlamento ha planteado nunca una iniciativa que intente recuperar definitivamente el recurso agua para vuelva a ser propiedad de chilenas y chilenos, menos una que busque terminar con el frío en los hogares de Aysén.

¿Cuántos inviernos faltan para empezar a tomar las decisiones que corresponden. A todos?

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