Patagonia Reverde

Wednesday, May 30, 2007

EL ESPECTRO DE CHÁVEZ
Por: Carlos Pérez Alvarado

El espectro electromagnético (EEM) es un bien de uso público, como el aire o el agua. Aunque es invisible y muy difícil de describir, la importancia de su existencia es mayúscula. Digamos que se trata de ondas, como las que vemos cuando tiramos una piedra en un lago pero que viaja por el espacio a la velocidad de la luz, y que tiene para la humanidad innumerables aplicaciones. Gran parte del EEM es usado para las comunicaciones (radio, teléfonos, celulares, internet, etc.) y en las telecomunicaciones como la radiodifusión sonora y la televisión. También forman parte del EEM los rayos infrarrojos y ultravioleta, los rayos X, entre otros.

Lógicamente este bien, que no es ilimitado, en todos los países del mundo es administrado por el Estado con el fin de regular su uso, impidiendo su mala utilización e implementado medidas de fiscalización que imposibiliten, por ejemplo, la existencia de radios o canales piratas. Con estos principios, si una persona quiere invertir en el negocio de la radiodifusión, AM o FM, debe solicitarle al Estado una “concesión de frecuencia”, a la cual puede postular sólo si reúne los requisitos que se estipulan en este caso, no hay más interesados en la misma frecuencia, o nadie se opone a la idea.

El caso de la TV es similar pero el número de opciones técnicamente disponibles es mucho menor. En Santiago, por ejemplo, hasta la futura llegada de la TV digital, ya no hay espacio para más canales de libre recepción (esto es del 2 al 13, en VHF), en Coyhaique queda lugar para 2 y en Puerto Aysén para 4 ó 5. Sin embargo, como sabemos, en Chile, Venezuela y muchos países las alternativas de señales se reducen a no más de cinco o seis redes nacionales, que se retransmiten casi íntegramente a lo largo y ancho del país. La programación que ven los televidentes de Puyuhuapi es la misma que la que se ve en Lota o Vallenar.

En los primeros años de la TV el Estado de Chile autorizaba a operar estos canales sólo a las Universidades y en 1969 el Presidente Eduardo Frei Montalva creó la red de Televisión Nacional de Chile (hoy TVN). Posteriormente, llegada la democracia, el Mega (ex segunda señal de TVN) se vendió al empresario Ricardo Claro y Chilevisión (ex de la Universidad de Chile), después de haber tenido varios dueños, hoy pertenece a otro empresario (también de derecha); Sebastián Piñera. Por su parte TVN, mediante una Ley de 1991 se convirtió en una “empresa pública” que ya no recibe un sólo peso de los impuestos de los chilenos y está obligada a autofinanciarse, es decir a competir con el resto de canales por la audiencia y la torta publicitaria, o avisadores. En buenas cuentas la TV en Chile es totalmente comercial y nada tiene de servicio público.

A propósito del debate suscitado por el cierre de un canal venezolano por parte del demonizado Presidente Hugo Chávez, muy interesante sería saber que la medida no sólo tiene que ver con una decisión soberana de ése país, que maneja su propio EEM entregándolo en concesión para su explotación por un tiempo preestablecido y conocido, si no que va a ser reemplazo por un nuevo canal de servicio público llamado TVes bajo la premisa de que un bien de uso público como el EEM jamás debiera estar totalmente en manos de los capitales e intereses privados, pues éstos con un criterio absolutamente comercial sólo buscan el lucro, o –al menos- el autofinanciamiento, y no escatiman en convertir un medio de comunicación tan relevante y estratégico, cual más cual menos, en un vertedero de tele-basura como la que hoy conocemos.

Obviamente una medida como ésta no es del agrado de muchos “inversionistas” que en muchas partes han convertido el EEM y la TV en un negocio más que rentable y que además pueden utilizar para decirnos lo que está bien (como el modelo neoliberal) o mal (como la estatización de las empresas públicas, los recursos naturales o los medios de comunicación), olvidándose de su rol de educar, entretener e informar objetivamente. Seguramente seguiremos escuchando denuncias por supuestos atropellos a la libertad de prensa, o sobre la arbitrariedad de la medida, sin embargo quienes la critican en Chile debieran preguntarse primero; ¿Y cómo andamos por casa?

0 Comments:

Post a Comment

<< Home