Patagonia Reverde

Tuesday, March 27, 2007

¡JAMÁS!
Por: Carlos Pérez Alvarado

La gente de Santiago cree todo Chile gira a su alrededor. Cada noche los noticiarios anuncian los números con restricción vehicular para el día siguiente como si a una señora de Mañihuales le interesara ese dato. Si uno desglosa la cantidad de notas en la prensa dominante y centralista, aproximadamente el 80% se relacionan con problemas de la capital; un asalto a un banco en Irarrázabal, un choque en la costanera norte, un allanamiento en La Legua, un motín de presos en Colina, los bip, los Tag, la lluvia o la nieve siempre inesperadas, el show de Plácido Domingo en La Moneda o el omnipresente y monotemático TranSantiago. El colmo de la patudez lo perpetraron (como no) algunos políticos iluminados que propusieron postergar la entrada en vigencia del horario de invierno para resolver así uno más de los problemas del TranSantiago. Esto quiere decir que si los que viven en el 2% del territorio nacional, y donde realmente radica el poder, no quieren cambiar la hora, a los que pueblan el otro 98% no les queda más que aceptar la medida.
Con Santiago (“Santiasco” para muchas personas) pasa lo mismo que, a otra escala, ocurre con los estadounidenses. Ellos también se creen el centro del mundo, ellos son los que están en lo correcto y el resto del planeta sólo está a su servicio; en ese país a nadie le interesa lo que pase en Palestina, Irak, Chiapas o la Patagonia. Ni siquiera son capaces de ubicar otro país en un mapa que no sea "su América" y Latinoamérica es considerada como un "pueblo al sur de EE.UU.". A ningún santiaguino le interesa que la pequeña población de Puerto Chacabuco se encuentre sometida desde hace dos meses a una ola de temblores, inéditos en la zona, como tampoco les importa el humo con arsénico que se respira en Calama, la lucha de los pescadores artesanales de la X región en contra de los industriales, las demandas del pueblo mapuche, las calamitosas inundaciones de la Avenida Collao en Concepción o el hollín del petcoke de la central térmica Guacolda en Huasco. Pregúntele a un capitalino dónde queda Coyhaique no más, para qué le vamos a pedir que ubique en un mapa el Lago General Carrera, como nosotros sí tenemos que enterarnos de lo que sucede -en vivo- en la esquina de La Alameda con Vicuña Mackenna.
Santiago es; ardientes calles de cemento y mucha gente corriendo con bolsas de multitiendas, deambulando en micros o automóviles donde se pasan entre 4 y 6 horas en los tacos interminables, los payasos de las esquinas, el vendedor de choco panda, los lanzas carteristas, sus modernísimos TAG (para transitar por esas calles que antes eran gratis), el altamente contaminado aire que respiran, sus "relajantes" paseos dominicales a esas catedrales del consumo (o Malls), o los gases lacrimógenos de alguna inoportuna y molesta protesta. Se dice que el ser humano es un animal de costumbre y por eso se entiende que sus habitantes han asimilado esa forma de vida como la correcta, mientras tengan -entre otras cosas- la energía para alimentar esa "santiaguinan way of life". No importa si para ello en Aysén los españoles o los grandes empresarios chilenos y amigos de los políticos que viven en Vitacura o La Dehesa, inundan 15 mil hectáreas de bosques y humedales para embalsar ríos en los que -como ninguno de la capital o el resto de Chile- pueden agarrar un vaso y beber de sus aguas, las más puras del mundo. Ni se lo imaginan. No, por nada del mundo Aysén debe ser “un pueblo al sur de Santiago”.

Tuesday, March 20, 2007

4 AÑOS DESPUÉS
Por: Carlos Pérez Alvarado

Durante los días previos a la invasión de EE.UU. a Irak el debate sobre la conveniencia o no de apoyar las intenciones del gobierno de G. W. Bush en el Consejo de Seguridad (C.S.) de la ONU era candente y apasionada. Recordemos que en marzo de 2003 nuestro país ocupaba un asiento en ese organismo, como uno de los 10 países miembros no permanentes (los otros 5 son permanentes y con derecho a veto; EE.UU., Gran Bretaña, Francia, Rusia y China), lo cual significó vernos enfrentados a una intensa discusión que ya parece olvidada. La situación era tan compleja para la cúpula belicosa de Washington que ni las presiones que ejercía, especialmente sobre países generalmente obedientes de sus dictados, surtían efectos y el rechazo era universal.

Enterrado en el tiempo quedó el espionaje estadounidense descubierto en las oficinas de Chile de la ONU, y que muchos rápidamente se esforzaron en convertirlo en una anécdota. Bastante curioso resulta hoy revisar el discurso de la entonces Canciller Soledad Alvear el día 7 de marzo en una crucial reunión del C.S., que en su parte final expresaba “El régimen iraquí, que ha expuesto a su pueblo a duros padecimientos, tienen la responsabilidad política y moral incuestionable de llegar a un desarme total…”. Estaba claro que nuestra diplomacia en ese entonces pensaba igual que EE.UU. respecto de esas armas, aunque los inspectores de ONU no las encontraban por ninguna parte. Finalmente, una propuesta que daba un nuevo ultimátum a Husein (antes de legitimar el uso de la fuerza) fue presentada por la delegación chilena, una corrida en solitario que ni siquiera deben haber leído en la Casa Blanca y descartada por un funcionario de tercer nivel por la TV.

Por aquella época también se discutía la casi segura firma de un Tratado de Libre Comercio con esa potencia militar y económica y muchos políticos le recomendaban al Presidente Lagos votar de una u otra manera, ofreciendo los consejos de siempre; como “votar pensando en lo mejor para Chile”. Sobre todo la derecha (y algunos concertacionistas) pensaban que hacerlo en contra de EE.UU. afectaría fuertemente nuestras relaciones con ese país y ponía en grave riesgo la firma del TLC, priorizando así nuestros vínculos comerciales por sobre las razones éticas o morales involucradas al negociar con una administración que utiliza la violencia para conseguir lo quiere (petróleo, en este caso). Se sabe que G. W. Bush llamó al Presidente Lagos para pedirle su apoyo pero éste le respondió que si se llegaba a votar una resolución que avalara la invasión, Chile diría NO. Y aunque en realidad nunca hubo un texto sometido a la consideración del C.S., como mucha gente cree, la actitud de Lagos fue valiente y digna (se dice que el Presidente mexicano Vicente Fox ni siquiera le contestó el teléfono).

Desobedeciendo a todos, EE.UU. invadió un país que ya se encontraba sometido a inhumanas sanciones de la ONU (promovidas igualmente por EE.UU.) y donde ya habían muerto más de medio millón de niños producto del hambre y las enfermedades que causó (y sigue causando) la radioactividad de las bombas con uranio empobrecido arrojadas sobre Irak durante la primera “guerra del golfo” en 1991. Cuatro años después la agresión se torna incontenible para Bush y ya no quedan dudas de que su ejército ha sido otra vez derrotado, dejando detrás una verdadera tragedia, con dos millones de iraquíes desplazados y cientos de miles de muertos, muchos de ellos niños, mujeres y ancianos inocentes. Si el mundo fuera realmente justo, algún día sus responsables deberían ser juzgados por estos crímenes contra la humanidad. Imaginemos la vergüenza que hubiera significado para Chile haber apoyado en su oportunidad este genocidio, impune hasta el momento.

Tuesday, March 13, 2007

PELIGRO
Por: Carlos Pérez Alvarado

Una de las principales críticas que la oposición de derecha le hace al gobierno de la Concertación es el bajo crecimiento económico que ha experimentado la economía chilena el año 2006 (4.2 %), lo que está muy lejos de los niveles que se registraron en la década de los 90, cercanas al 7% en promedio. Es obvio que la máxima autoridad del país no puede ordenar que la economía crezca una cifra X, puesto que ella está determinada por un montón de factores nacionales e internacionales, entre los cuales hay algunos en los que sí puede influenciar en menor o mayor grado, como las facilidades o las dificultades impuestas a las empresas privadas y las modificaciones que pueda hacerle al modelo económico.

Se supone que la derecha es aún más partidaria del modelo neoliberal que impera hoy en Chile que la propia Concertación y las medidas que pondría en práctica para aumentar ese crecimiento con seguridad serían flexibilizar todavía más las leyes laborales, bajar o hacer desaparecer el sueldo mínimo o cualquier otra iniciativa que permita hacer ganar más dinero a las empresas privadas, sobre todo las más grandes, y así hacer “crecer” al país entero (la antigua teoría del “chorreo”). Según esta lógica si éstas crecen, toda la economía crece y toda la población de nuestro país se ve así beneficiada. Los gobiernos de la Concertación en realidad son los continuadores de las políticas implementadas durante los últimos años del régimen de Pinochet y se suponía que con ellas íbamos a alcanzar el desarrollo para el Bicentenario de nuestra independencia el año 2010. Otras visiones hoy día son impensables o “equivocadas”.

Sin embargo, si esto fuera realmente así entonces cómo es posible que Venezuela y Argentina hayan liderado esas tasas, con más de 7.5% cada uno, muy por encima de lo que creció Chile y cuyas economías van en la dirección totalmente contraria a la que conducen hoy el Ministro de Hacienda y la Presidenta Bachelet. Mientras en esos dos países (y varios otros) se vive un proceso de renacionalización de empresas y se establece un control más fuerte del Estado en todos los ámbitos, en Chile prácticamente no queda más por privatizar. De hecho el gran problema actual del gobierno –el TranSantiago- es un plan basado en la privatización del transporte público, no sólo de la capital, sino que de todo el país. La privatización de la gran minería del cobre ha permitido que las empresas transnacionales dupliquen lo que ganó Codelco (que retiene -por suerte- un tercio de la producción) y se lleven ese dinero fuera del país. La privatización del agua permite que corporaciones extranjeras vengan sin restricciones a hacer negocios con nuestros recursos naturales, acá en Aysén. Nosotros tenemos una economía neoliberal y ellos una socialista.

A un año de iniciado el gobierno de Michelle Bachelet todavía no hay Superintendencia ni Ministerio del Medio Ambiente, tampoco se ha hecho realidad su mentada reforma previsional y -mucho más grave- todavía no ha podido reformar el sistema electoral binominal, nefasto y antidemocrático, entre otras promesas no cumplidas cuando ya ha consumido un cuarto de su mandato. Si la Presidenta Bachelet además continua ignorando lo que está sucediendo en el resto de Latinoamérica y rechazando el proceso de integración en el que se encuentran empeñados esos países, su gobierno corre el riesgo no sólo de seguir creciendo con modestas cifras sino que de aislarse peligrosamente de la gente y sus demandas, las que claramente no resuelven los privados, con más o menos privilegios.

Tuesday, March 06, 2007

TRANCHILE
Por: Carlos Pérez Alvarado

El lunes recién pasado el Instituto Nacional de Estadísticas (INE) anunció que el Índice de Precios al Consumidor (IPC) registró durante el mes de febrero una baja de -0.2%. De acuerdo al informe, los rubros que más influyeron en la caída fueron Transporte (-2,7%), Vestuario (-0,4%), además de Educación y Recreación (-0,1%). Según el INE el costo de la vida este último mes se vio influenciado fuertemente por la gratuidad del pasaje de los buses durante el debut de Plan Transantiago. Un reciente cambio en la ponderación de las tarifas de la locomoción colectiva y el Metro ayudaron a confirmar los pronósticos que los economistas tenían de este indicador, el cual define muchas e importantes actividades comerciales por todo Chile; como los intereses que los bancos cobran por los préstamos o pagan por los depósitos. Pregunta; ¿Para calcular el IPC se realizan encuestas en todo Chile o sólo en Santiago? Con seguridad debe haber una explicación técnica o científica sobre la forma en que el se determina el IPC (debe estar en su página web), pero la gente “de a pié”, que no vive en Santiago (dos tercios de la población), cuando escucha una afirmación como ésta, con razón se sorprende.

Por otra parte, el domingo 4 de marzo se publicó un sondeo realizado por El Mercurio-Opina S.A. en el que la Presidenta Michelle Bachelet registra una caída en la aprobación de su gestión en los últimos 12 meses del 17.8% (desde 65.3 a 47.7%). En la encuesta, que se realizó de forma telefónica a 400 residentes de la Región Metropolitana, el 1 de marzo de 2007, la Mandataria obtiene nota 4.2 y su equipo de gobierno un 3.9. Entre los temas evaluados, como la delincuencia, el desempleo o la salud, en todos los cuales saca nota roja, la implementación del plan TranSantiago fue calificado con un mísero 2.8. Un 70,4% de esos santiaguinos entrevistados cree que hubo improvisación por parte de las autoridades en este asunto, lo que terminó afectándola aún más que el daño que le produjo el escándalo de Chile Deportes (esa vez bajó 6.4%). En suma, nuevamente el TranSantiago incide en forma gravitante en los resultados de un estudio que, como todas las encuestas de opinión, son tremendamente influyentes en el Gobierno y la oposición pudiendo llegar a modificar sus futuras acciones.

El TranSantiago ha copado la agenda informativa de absolutamente todos los medios nacionales, dedicados las 24 horas del día a bombardearnos con información que debiera preocupar sólo al tercio de chilenas y chilenos que vive en el 2% de la superficie del territorio nacional, la Región Metropolitana. Puede que estemos acostumbrados a soportar esta prensa centralista, pero no puede ser que el TranSantiago contribuya a alterar la vida de la gente que vive tranquilamente entre Arica y Puerto Williams; haciendo más o menos popular a la Presidenta –de hecho- elegida para que gobierne a lo largo y ancho de Chile, o definiendo el valor que tendrá la Unidad de Fomento o el comportamiento de la Bolsa de Comercio el siguiente mes. El TranSantiago otra vez demuestra que ningún gobierno ha podido resolver definitivamente uno de los principales obstáculos para lograr el verdadero y sustentable desarrollo de nuestro país; el endémico centralismo aceptado y tolerado por décadas (o siglos). ¿Qué estamos esperando en el resto de Chile? ¿Podemos modificar el actual estado por nosotros mismos? ¿Dónde están las bancadas regionalistas?, por ejemplo. ¡Ya basta del TranSantiago! ¡Basta de centralismo! ¡Hasta cuando, por favor!