Patagonia Reverde

Tuesday, February 27, 2007

TV COMUNITARIA
Por: Carlos Pérez Alvarado

A diferencia de gran parte de Chile, que ha visto el Festival de Viña del Mar desde que se transmitía en blanco y negro, en Aysén éste es un fenómeno más bien reciente. Actualmente es muy difícil que alguien en la región se pierda los pormenores de lo sucedido en ese certamen musical, los fanáticos que no pueden verlo desde el aire (libre recepción) pueden ir a la casa de algún amigo que tenga parábola de TV satelital (con el pago al día) y cumplir sus deseos. Tanto una familia de Puerto Gaviota como una del Valle Sipmson pueden disfrutar de una señal de muy buena calidad técnica pudiendo elegir paquetes que incluyen canales de películas, deportes o noticias internacionales, además de los 5 canales chilenos que forman parte de cualquier plan básico. En muchas partes de Aysén, hasta hace pocos años, si no existía una planta de TVN en el lugar no había forma de ver el Festival, menos las noticias de lo que ocurría en el resto del país.

Es lógico pensar que las prioridades de conexión para cualquier persona son; En tercer lugar al mundo, accediendo a la información, la entretención y la cultura del resto del planeta, necesidad que hoy puede ser satisfecha por la televisión satelital, e internet idealmente. Este tipo de TV es factible desde hace no más de una década y en Aysén ha tenido una aceptación bastante mayor que en otras regiones. En segundo término desea conectarse a su país Chile y ver, ojalá en libre recepción, los medios nacionales que nos vinculen con una realidad mucho más cercana que las que muestran la CNN, el History Channel, o el HBO, con canales que transmitan programas, informativos y teleseries con actores y situaciones propias de nuestro país, aunque generalmente se centralicen en Santiago, que es de donde funcionan estos canales tanto administrativa como programáticamente. Una prueba de esta anomalía es la enervante cobertura que han realizado al Plan TranSantiago, como si esa iniciativa afectara a los habitantes de Arica a Punta Arenas.

Y en primer lugar la gente quiere conectarse localmente. Una señora de Puerto Bertrand probablemente tiene mucho interés en saber lo que sucede en Puerto Chacabuco con los temblores, porque allí tiene familiares y los medios nacionales no están interesados en noticias como ésa. Un buen indicador respecto de la necesidad de contar con medios comunitarios es lo que sucede con radios locales, que exitosamente concentran el 70% de la audiencia total. Una TV local y comunitaria se entendería como una sin fines de lucro, autogestionada, fuertemente ligada a la identidad regional, administrada y operada por la propia comunidad, a través de centros culturales, clubes deportivos, juntas de vecinos, autoridades y empresarios residentes en la zona, y con una sólida ayuda estatal, probablemente menor a lo que gasta en el Fondart para el fomento de la cultura y las artes.

En Aysén no existe la TV comunitaria, a excepción de loables esfuerzos de particulares, todos desarrollados en el ámbito de la TV por cable, pagada, por lo que no llega a todos los hogares. La TV en Chile es enteramente comercial, haciendo que las señales comunitarias subsisten a duras penas al no recibir apoyo de ningún lado. Sobreviven con los aportes de esquivos auspiciadores, los que nunca alcanzan para invertir en la modernización del equipamiento y la profesionalización de los contenidos. El año pasado, liderados por la mítica Señal 3 de La Victoria, se conformó la Red de Televisiones Populares, integrada por Canal 6 -de la U. de Chile- y las televisoras de poblaciones de Renca, Estación Central, Conchalí, Barrio Yungay, La Reina, Tierras Blancas y Valparaíso, con el objetivo de aunar fuerzas en esta línea y prepararse para la urgente regulación de la TV local y comunitaria, un primer paso para una verdadera democratización de la TV.

Wednesday, February 21, 2007

SERVICIO O NEGOCIO
Por: Carlos Pérez Alvarado

Durante la mayor parte de la historia, la electricidad fue un servicio que el Estado prestaba a la población de nuestro país a través de su principal empresa Endesa. En regiones extremas, como la de Aysén, la electrificación a través de montañas sin caminos, bordeando lagos o cruzando ríos, fue el resultado de esfuerzos mayores (pero siempre insuficientes) que la administración debió asumir, dadas las especiales características geográficas y climáticas de un territorio inexplorado e inexplotado. Lógicamente, no era -ni es- barato producir, distribuir y comercializar la energía eléctrica para el consumo domiciliario (más aún el industrial) en regiones como la nuestra. En todo caso en Chile la tarea de llevar hasta los hogares, oficinas, talleres y fábricas la electricidad necesaria para echar a andar nuestro país la emprendió, por décadas, el Estado. Así como (todavía) se asignan fondos para construir caminos, también se consideraba un ítem en el presupuesto nacional para realizar nuevas inversiones en infraestructura energética. El Estado, como sabemos, se financia con nuestros impuestos, pero los usuarios retribuíamos en parte el servicio brindado pagando la respectiva cuenta de la luz en una oficina donde los cajeros eran funcionarios públicos, así como el personal administrativo y técnico de la empresa.

Ahora la electricidad es un negocio, así se decidió en los descuentos del régimen de Pinochet. La operación consistió en dejar en manos privadas un servicio que de pronto pasó a ser una “carga” que el Estado no estaba dispuesto a seguir soportando, más aún cuando están disponibles los privados que podrían hacerlo mucho mejor (un discurso repetido por última vez con el TranSantiago). En teoría esto iba a significar una mayor cobertura y mejores servicios, además de nuevas inversiones en centrales, mientras los consumidores sólo tendríamos que pagarle la cuenta a una empresa privada, en lugar del Estado. En la transacción, de yapa, se incluyeron gratuitamente los derechos de aprovechamiento de las aguas, algo inédito en el resto del mundo.

En tal escenario, inmodificable y más bien profundizado durante los gobiernos democráticos, nos encontramos con un “Plan Aysén”, concebido por Endesa-Colbún. Sus represas se justifican económicamente sólo si pueden (o les permiten) producir más de 2.500 MW, por lo tanto no existe ninguna finalidad filantrópica como dotar de luz eléctrica a la gente de La Tapera o Puerto Edén, menos aún está ideado como parte de un proceso de desarrollo energético integral de nuestro país, sino que desde el punto de vista meramente financiero; primero debe financiarse y después generar ganancias (basta ver los balances de las empresas del rubro para constatar que el negocio es más que bueno). Así también llegamos a conocer casos como el de Xstrata, la empresa minera suiza, dueña del proyecto de represa en el Río Cuervo, que presenta un Estudio de Impacto Ambiental para producir energía hidroeléctrica con lo que le sobró del proyecto Alumysa, cuando todavía no se sabe de qué forma ella va a ser transportada hacia el norte del país; ése no es su problema. Más bien ése es otro negocio.

¿No podríamos volver un poco atrás?

NACIONALIZACION
Por: Carlos Pérez Alvarado

Desde hace ya muchísimos años la palabra “nacionalización” suena, cuando menos, retrógrada. Para alguna gente, más que eso; peligrosa. Hasta hoy dicho término tiene la connotación de un proceso complejo y asociada generalmente a ideas socialistas, que para otros han sido derrotadas por el capitalismo y su mejor confirmación llamada Globalización. Chile ha viajado en ese carro, supuestamente victorioso así que la Nacionalización, como un proceso contrario a la Privatización, no está en la agenda de los economistas y de las autoridades de nuestro país en el futuro mediato. Fue hace casi 36 años que se nacionalizó el cobre el cual estaba principalmente en manos de empresas estadounidenses, y aunque con frecuencia no se dice, es gracias a esa iniciativa del Presidente Allende que hoy nuestro país disfruta de los beneficios del alto valor que ha alcanzado el metal rojo en los mercados internacionales. Nada de eso hubiese ocurrido si Codelco se hubiera vuelto a privatizar, idea que no ha sido del todo descartada por un sector de nuestro país.
Hace unos días el Presidente de Venezuela ha anunciado (y ya está en práctica) la nacionalización de los estratégicos sectores de la energía y la producción de crudo extra pesado. Hugo Chávez informó que en principio serán nacionalizadas 10 empresas eléctricas, que operan en Caracas y otros nueve estados, y al respecto afirmó que; "la nacionalización en este sector es una necesidad y no un capricho. Fue un error haber dejado en manos privadas nacionales e internacionales el sector eléctrico". Asimismo, adelantó que con la nacionalización de la Compañía Anónima Nacional Teléfonos de Venezuela (CANTV) y la participación de una empresa china se pueda extender el servicio de telefonía móvil, rural e internet a todo el país, lo que había sido postergado por las transnacionales por razones de rentabilidad.
Con seguridad en Chile las opiniones contrarias a estas ideas las vamos a escuchar, desde distintas (pero coincidentes) fuentes en una proporción muchísimo mayor que lo que sucede en el resto de Latinoamérica. Ello porque estos procesos ya han sido reiniciados en varios de sus países, incluso en otros rincones del mundo (Rusia lo está haciendo con todas sus reservas energéticas) desde hace unos pocos años. Argentina devolvió al Estado la empresa de agua potable del Gran Buenos Aires y formó la empresa petrolera fiscal Enarsa, Bolivia nacionalizó sus hidrocarburos, Ecuador y Nicaragua se encaminan a lo mismo y en Brasil el Estado también ha recuperado gran parte del control del petróleo que se extrae en su territorio. Hasta hace pocos años todo esto hubiera tenido ribetes de escándalo y probablemente las grandes potencias se hubieran opuesto o –peor aún- hubieran enviado aviones a bombardearnos por no respetar la “libertad” para que sus grandes corporaciones puedan hacer excelentes negocios; pagando bajos sueldos, maltratando el medio ambiente y pagando míseros impuestos. Pero, ninguna invasión ocurrió y, exceptuando a Perú, Colombia y Chile, gran parte de Latinoamérica se encamina por una nueva política de recuperación del control de sus recursos naturales, lo que no les impide asociarse con empresas transnacionales en porcentajes minoritarios.
Yo creo que es tiempo de empezar a perderle el miedo a la palabra Nacionalización y comenzar a hablar y exigir la nacionalización de uno de los recursos más importantes y estratégicos, no sólo desde el punto de vista económico sino por lo esencial que es para la preservación de la vida, como lo es el Agua y recuperar ese vital elemento, cada vez más escaso y urgente no sólo para Chile y sus habitantes, sino que para toda la humanidad.

Tuesday, February 06, 2007

LA TELEVISIÓN DEL PADRE RONCHI
Por: Carlos Pérez Alvarado

Mucha gente debe recordar los tiempos del Padre Antonio Ronchi y sus esfuerzos por dotar a las diferentes comunidades locales de un canal de televisión que los conectara audiovisualmente con el resto de Chile y saber lo que sucedía en su país en imágenes, lo que –aunque no lo crean los recién llegados- sucedió recién a principios de los años 90.

La historia cuenta que un día cualquiera, en las ventanas lluviosas de Puerto Cisnes aparecía un gigantesco buque de la Armada de Chile que descargaba en el muelle sacos con alimentos, como harina o manteca a granel, respondiendo al pedido del Padre Ronchi de transportarle la carga conseguida como ayuda a organizaciones chilenas y extranjeras. La mercadería se repartía entre algunas familias de los diferentes pueblos de Aysén para que la vendieran por kilos entre la comunidad. Con el dinero obtenido financiaba la venida de un contratista de Puerto Montt que fabricaba parábolas artesanales, conseguía el receptor satelital y les armaba el sistema mínimo y necesario para que sus habitantes pudieran ver la señal de Televisión Nacional de Chile (TVN), que en ese tiempo era el único que usaba el satélite para cubrir con su programación todo el territorio nacional, incluso más allá. Con ese receptor, también se podían sintonizar una decena de otros canales, pero lógicamente el elegido era el canal “de todos los chilenos”. En poco tiempo las localidades más apartadas comenzaron a recibir las transmisiones, sus pobladores venían a Coyhaique a comprar televisores en blanco y negro, muchos de los cuales debían funcionar con batería de automóvil puesto que todavía no contaban con energía eléctrica. En algunos lugares, a una hora determinada, la programación del canal nacional era interrumpida, sólo en el audio, para emitir mensajes de utilidad pública, por los que se cobraba con el fin de reunir la plata para pagar la cuenta de la energía eléctrica que consumía la planta.

Se suponía que la tecnología satelital venía a resolver la imposibilidad de cubrir las zonas donde Entel-Chile no contaba con la capacidad técnica para trasportar -por tierra- un canal de TV, como era el caso de prácticamente toda la región de Aysén. A partir de entonces sería suficiente disponer de una antena parabólica de menores dimensiones que las profesionales (y más fáciles de construir) para “bajar” la señal en cualquier punto y retransmitirla luego a un área determinada. Pero para eso se necesitaba plata, que para Aysén no estaba disponible por parte de TVN, sumida en deudas desde fines de los años 80. De este modo las plantas instaladas por iniciativa del sacerdote italiano fueron la única posibilidad que toda esta gente tuvo para ver un canal de TV de Chile. Pero la expansión de la red a cada uno de los pueblos de la undécima región no sólo no sucedió, sino que TVN procedió a codificar su señal impidiendo que todos estos sistemas locales continuaran recepcionándola, a menos que contaran con un nuevo y caro aparato que hacía el proceso inverso. Sólo siguieron funcionando las pocas estaciones que pertenecían oficialmente a la red y, a pesar de las gestiones y el esfuerzo del padre Ronchi, no quedó otra opción que buscar alternativas entre el resto de canales disponibles en ese obsoleto receptor, optándose por el canal mexicano ECO, que estuvo transmitiendo sin competencia durante un par de años, modificando inclusive las costumbres y el vocabulario de la población.

A pesar de perder aquella batalla, recuerdo haber visto las primeras imágenes que emitió el fenecido Canal 3 de TV de Coyhaique donde aparecía el Padre Antonio Ronchi, inaugurando las transmisiones del “Canal de la Divina Providencia”, bendiciendo los equipos y rodeado de niños que querían verse por primera vez en TV, aunque fuese en un canal “rasca” como él decía, pero donde se registraba una historia muchísimo más rica y más ligada a las raíces de nuestra cultura local, algo que también quedó pendiente con su partida.