Patagonia Reverde

Tuesday, November 28, 2006

POPULISMO
Por: Carlos Pérez Alvarado

En Ecuador acaba de ganar las elecciones presidenciales, en segunda vuelta y por amplio margen, el candidato del movimiento “Alianza País” Rafael Correa, derrotando al aspirante Álvaro Noboa del Partido Renovador Institucional de Acción Nacional. Correa encarna a la creciente ola de “izquierdización” Latinoamericana adversaria de los Tratados de Libre Comercio y de la liberación de la economía, y Noboa a la derecha representativa del capital, tanto así que él mismo es el hombre más rico de ese país. Este tipo de corriente política, a la que se suman cada vez más países (el último había sido Nicaragua con el triunfo democrático y legítimo del Sandinista Daniel Ortega, íntimo de Fidel Castro y de Hugo Chávez), generalmente en Chile se identifica con el adjetivo de “populismo”. Según los que sostienen este argumento, el calificativo sirve para identificar también la forma de gobernar de Kirchner en Argentina, Evo Morales en Bolivia, Lula da Silva en Brasil y Tabaré Vázquez en Uruguay. Pero; ¿qué es populismo?

En el caso de Ecuador, el multimillonario bananero Álvaro Noboa prometía construir 300 mil casas en un año, se autoproclamaba “el enviado de Dios para salvar a los pobres” y regalaba sillas de ruedas, computadoras y dinero en efectivo a quienes prometían votar por él, mientras acusaba a Correa de “comunista”; ¿eso no es populismo? En Bolivia, Evo Morales está redistribuyendo el dinero obtenido por el aumento en los precios de venta del gas a Argentina y Brasil, y por la nacionalización de los hidrocarburos, entre los campesinos más pobres de su país, muchos de los cuales viven en condiciones infrahumanas. Esto y un plan de erradicación del analfabetismo en 30 meses, con la ayuda de técnicos cubanos, inventores de uno de los mejores métodos de enseñanza existentes, forman parte de la nueva forma de gobernar el país altiplánico. ¿También es populismo?

En Brasil Lula fue reelecto por haber asignado fondos, antes destinados a defensa, para que nadie en ese país se quedara sin comer decentemente al menos una vez en el día (Programa Hambre Cero), urgente necesidad en un país que, junto con Chile, lideran los índices de mayor desigualdad en la distribución de la riqueza en Latinoamérica. En Argentina, Néstor Kirchner bajó por decreto el precio del gas en medio de una crisis económica ocasionada por el corrupto gobierno derechista y neoliberal de Carlos Menem, que provocó las consecuencias conocidas en nuestro país. Al aumentar la demanda interna su dilema fue el bienestar de las familias argentinas o el negocio con Chile. Kirchner se negó a aceptar las condiciones de usura que le imponían los organismos banqueros internacionales para el pago de su deuda externa, ha llamado a boicotear a la empresa petrolera Shell y mantiene fuertes disputas con Uruguay por oponerse a la construcción allí de una industria de celulosa que contaminaría el río que separa ambas naciones, iniciativa que llamó “causa nacional” en una manifestación reciente ante 40 mil personas. Lula y Kirchner ¿también serían populistas?

O es que acaso el populismo tiene que ver con la capacidad de convocatoria que tienen sus representantes, permitiéndose congregar cientos de miles de personas para escuchar sus extensos discursos, como en Venezuela donde los partidarios del “chavismo” incluso se visten con camisas rojas para oír los ataques de su líder en contra de Bush o para enterarse de los beneficios de la expansión del software libre entre nuestros pueblos. En Chile, después del discurso de Patricio Aylwin en el Estadio Nacional en 1990, nunca hemos vuelto a ver una concentración similar. Ningún político, dirigente o líder de algo (los trabajadores, el medio ambiente u otros) está hoy en condiciones de generar un fenómeno semejante.

En cualquier caso, aunque para muchos el populismo corresponda a una práctica anticuada (citando el peronismo o los movimientos revolucionarios y estatistas de los años 60), todos los países donde estos “populistas” han llegado al poder tienen en común que este nuevo rumbo ha ocurrido como consecuencia del colapso de un sistema económico que no sólo privilegia a los más ricos sino que genera decadencia y corrupción en sus instituciones.

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