UNA BUENA
Por: Carlos Pérez Alvarado
Como es lógico, existen personas respetables y admirables en todos los partidos políticos, desde la UDI hasta el Partido Comunista. Con esfuerzo trato de ser optimista y creer que la son la mayoría de sus integrantes los que reúnen estas cualidades, pero cuesta. Es que, cada cierto tiempo, muchas de sus principales figuras (quizás si los que realmente trabajan o aportan, no salen tanto en los medios) protagonizan una y otra vez tristes episodios que contribuyen únicamente a disminuir todavía más su ya deteriorado prestigio, o niveles de credibilidad, y aumentar las críticas, que en algunas ocasiones también son injustas. Así como puede ser una costumbre reiterada y fácil criticarlos, no es menos cierto que las personas que se desempeñan en ese ámbito, ya sea como nuestros representantes en el Parlamento o como ideólogos u operadores, parecen hacer voluntarios y denodados esfuerzos por contribuir a empeorar esa imagen.
Una comprobación reciente ocurrió en el Congreso cuando todos nuestros parlamentarios decidieron unilateral y muy rápidamente que el dinero que ahora no se gasta en los sueldos de los Senadores Designados ya extintos, se reparta entre los 38 que quedaron, quienes dispondrán de dos millones de pesos más cada uno para “contratar (más) asesorías legislativas”. Por el contrario, el Parlamento es elegido democráticamente pero a través de un sistema electoral injusto que sus integrantes se demoran o resisten en modificar. Debido a los reclamos de los grupos sin representación en el Poder Legislativo, tendientes a solicitar la modificación del sistema binominal, el Gobierno está respondiendo con una propuesta que consiste en aumentar el número de Diputados a 150 y el de Senadores a 50. Sin considerar este aumento, 120 Diputados y 38 Senadores se elegirían igual que hoy, es decir con el sistema binominal y los restantes entre los candidatos más votados y que representen a los porcentajes de minoría. No es absurdo pensar que estas iniciativas sólo buscan resolver, entre las cúpulas y de espaldas al país, un asunto que debiera ser decidido por todos sus ciudadanos, como igualmente debió haberse hecho con la actual Constitución de la República, conocida hoy como la de Pinochet-Lagos 2005.
Cómo no desilusionarse de la clase política con comportamientos tan ilógicos como el que se vivió a propósito del voto chileno para elegir un representante de Latinoamérica en el Consejo de Seguridad de la ONU. Partidarios de una u otra opción llevaron la discusión hasta niveles de provocación muy pocas veces visto, en los que se usaron calificativos abiertamente ofensivos y desterrados desde épocas pretéritas. Vimos al Diputado Jorge Tarud, por ejemplo, ya no levantando la voz, sino gritando para defender la decisión de abstenerse de la Presidenta Bachelet. El Diputado Moreira, con muchísimo más experiencia en este tipo de exabruptos, no destiñó al insinuar que el “payaso” de Chávez financiaba las campañas de la izquierda más radical. El Senador Girardi y la Presidenta de la Democracia Cristiana Soledad Alvear, se enfrentaron a los Senadores Alejandro Navarro y Sergio Aguiló que defendían la opción de votar por el país petrolero, conflicto en el cual se ventilaron antiguas y cuestionables conductas de la DC. A decir verdad, a estas alturas, tampoco se entiende que un partido de la Concertación dispute con la UDI las simpatías del Partido Popular de España y reciban –ambos- con sonrisas a su ex presidente José María Aznar, que es lo más parecido a un ultraderechista acérrimo que continua apoyando el genocidio de su amigo W. Bush en Irak. Este señor, en otros países es repudiado donde se presenta, muchísimo más que Chávez.
Para parar tanta crítica a (todos) los partidos y sus militantes, precisamente acá, en nuestra región de Aysén, vale la pena destacar la postura que mantuvo el Diputado René Alinco con respecto al voto en la ONU, que él prefería fuese para Venezuela. Ello tuvo un costo que otros no estuvieron dispuestos a asumir. Me alegro también porque, conociendo en terreno la realidad de ese país, es posible que llegue a representar muy luego a quienes creemos más beneficiosos (y obvio) aliarse con Latinoamérica que con otros intereses de los que todavía sigue costando desprendernos, como quedó demostrado en Nueva York.

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