POR VENEZUELA
Por: Carlos Pérez Alvarado
El tema de Venezuela y su Presidente Hugo Chávez probablemente esté más bien ausente de las preocupaciones inmediatas o cotidianas de la ciudadanía aysenina, como lo deben ser –lógicamente- tener un buen trabajo y mantener un hogar, sin embargo el asunto se ha puesto tan de moda en los medios que para nadie puede pasar inadvertido. La inminente decisión que deberá tomar la Presidenta Michelle Bachelet (que representará la postura oficial de todo el país) por uno de los dos cupos latinoamericanos en el Consejo de Seguridad (C.S.) de la ONU y que reemplazará a Argentina (el otro es Perú que estará un año más), se ha convertido en un debate bastante polémico, principalmente entre la clase política y el Gobierno. Para el puesto postulan Guatemala y Venezuela.
Recordemos que el C.S. de la ONU está compuesto por 5 Miembros Permanentes, con derecho a vetar cualquier resolución que los afecte; EE.UU., Gran Bretaña, Francia y Rusia (que fueron los países que ganaron la II Guerra Mundial, ¡en 1945!) al que después se agregó China, además de 10 miembros No Permanentes que van rotando periódicamente entre unos 180 países miembros de la denominada Asamblea General. Un dato bastante ilustrativo es que esos 5 privilegiados componentes venden el 80% del armamento producido en el mundo lo que, sin duda, se ve favorecido por este status especial y a quienes no les agradaría para nada que Japón, la India, Alemania, Sudáfrica, Brasil u otros pudieran convertirse en integrantes en igualdad de condiciones. A pesar de que no son nuevas las iniciativas para reformar a la organización mundial, ha sido imposible hasta el momento concretar cualquier cambio. Más aún, mientras en 2003 Chile era un miembro no permanente, EE.UU. decidió actuar unilateralmente en Irak desconociendo el derecho internacional que propugnaba su carta magna, en vigor a duras penas hasta entonces.
Generalmente se afirma que la decisión en ésta votación (como otras anteriores) se tomará pensando en “lo mejor para Chile”, en lugar de hacerlo pensando en “lo mejor para el mundo”. La ONU necesita ser refundada y actualizada según las nuevas realidades del globo en el que florecen nuevos bloques o potencias militares y económicas, pudiendo incluso revisarse si su sede continúa estando en Nueva York. Si Chile votara por Guatemala lo estaría haciendo por un país donde, entre otras numerosas razones; el 97% de los asesinatos queda impune, el que nunca ha juzgado a Efraín Ríos Montt, uno de los más terribles dictadores que han existido, responsable de la muerte de unas 200 mil personas con apoyo de EE.UU., país con el que acaba de firmar un Tratado de Libre Comercio a pesar de multitudinarias protestas ciudadanas y que, finalmente, al contrario de Venezuela, no ofrece garantías a la hora de apoyar una iniciativa que moleste a EE.UU., como reformar el C.S.
Pero, aún si pensáramos sólo en el bien de Chile, no votar por Venezuela significa continuar dándole la espalda al Mercosur (que votará en pleno por uno de sus más importantes miembros), en circunstancias que una mejor relación con esos países, que son -más encima- vecinos, podría ayudarnos a resolver importantes problemas, sobre todo en el plano energético. Venezuela le venderá petróleo barato a Brasil, Bolivia y Argentina a través de un gasoducto Trans-Amazónico, proyecto del cual nuestro país se autoexcluye, a pesar de que ha sido invitado reiteradamente a integrarse. Los altísimos costos de los combustibles que tenemos que soportar podrían bajar sustancialmente, trayendo un efecto multiplicador en el transporte y el precio de los alimentos. Ahora, si pensáramos en el bien de Aysén, una política energética regional podría evitar la construcción de represas en nuestra región. Con todo, está claro porqué hay muchos a los que no les gusta Hugo Chávez ni Venezuela.

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