Patagonia Reverde

Tuesday, September 26, 2006

EL MODELO Y EL PASAJE ESCOLAR
Por: Carlos Pérez Alvarado

La gente más antigua quizás se acuerde de la Empresa de Transportes Colectivos del Estado (ETC), sobre todo quienes vivieron en otras regiones de nuestro país. Esta empresa estatal operaba en las principales ciudades chilenas con unos nostálgicos buses “Pegaso”, que trasladaron a varias generaciones de chilenas y chilenos a sus escuelas o trabajo, con una tarifa única para todo el país y un pasaje escolar que se aproximaba al 10% del boleto normal (100 y 10 Escudos, por ejemplo). Inclusive, el Gobierno del presidente Salvador Allende dispuso que una parte de los buses disponibles de la ETC se destinaran exclusivamente al transporte gratuito de escolares y estudiantes universitarios durante el horario normal de clases (en la noche y los fines de semana circulaban como buses comunes).

En algún momento, sin que la mayoría de la gente se enterara, la ETC dejó de existir. Fue al comienzo de la ola privatizadora que se desató durante el régimen de Pinochet, pasando al control de intereses privados una gran cantidad de empresas hasta entonces “de todos los chilenos”; como Endesa, IANSA, LAN Chile, CTC, ENTEL y otras, muchas de las cuales en otros países del mundo serían consideradas como estratégicas. De Hecho, en casi toda Europa el transporte público es controlado exclusivamente por el Estado y en otros conviven (porque no necesariamente tienen que competir) ambos sistemas. La enajenación de las empresas estatales corresponde a uno de los principios en los que se basa la economía de mercado aplicada en Chile a partir de los años 80 y que han continuado practicando los 4 gobiernos democráticos, a pesar de las numerosas señales que demuestran que está alcanzando características de fundamentalismo. A la fecha, muy poco queda por privatizar, aunque se han salvado del deseo la Enap, y sobre todo Codelco, que aporta más dinero al erario nacional que la totalidad de las empresas extranjeras que –en cambio- controlan dos tercios de la producción del cobre nacional. Es decir, que se haya privatizado el transporte público, que difícilmente era rentable, ya forma parte de la prehistoria en la aplicación del modelo económico chileno y no está en discusión. De hecho, la propia Educación secundaria y Universitaria ha sucumbido a este proceso, muchas veces llamado “modernizador”.

A pesar de ello, uno de los principales logros conseguidos por la monumental movilización de los estudiantes secundarios en mayo pasado fue el derecho a usar el pase escolar durante las 24 horas del día, los 365 días de año. La medida ya fue aprobada y entrará en vigor amparada en la extraña paradoja de que va a ser la empresa privada quien deberá asumir el costo de esta rebaja en el valor de un pasaje que antes era de adulto. Existe consenso en la población de que tal medida es justa para los estudiantes, pero ¿lo es para los empresarios de buses o colectivos que juegan con las reglas que les permite la Ley, y que favorece la libre competencia? Ya es un verdadero problema para ellos trasladar a millones de alumnos cada día, lo que se traduce en menores ingresos para su empresa y, por otro lado, discriminación y maltrato hacia los jóvenes. El único responsable del trasporte de estudiantes, con un pasaje subvencionado, debiera ser el Estado. Sin embargo, volver a los buses gratuitos o a un transporte estatal del tipo ETC, para el modelo económico imperante, sería una medida “populista”, “estatista”, “añeja”, “socialista”, “comunista” y muchas otras calificaciones, en definitiva tan absurdas como pedirle a los privados que se hagan cargo de un problema que en realidad no les compete.

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