ENCUESTAS
Por: Carlos Pérez Alvarado
Durante el proceso de evaluación del Estudio de Impacto Ambiental del proyecto Alumysa, entre 2001 y 2003, muchas personas que apoyaban la idea solían decir que el “90 ó 95% de la población de Puerto Aysén quería que se aprobara su construcción”. Es probable que quienes defienden la iniciativa de llenar la región de represas ahora solamente digan que “la mayoría de la gente” desea que se hagan. Obviamente, ambas afirmaciones son falaces si no están respaldadas por una fuente que haya realizado el estudio de opinión respectivo, que constituya una aproximación, con un margen de error incluido, acerca de la opinión de la ciudadanía sobre éste u otros temas. Hasta donde yo sé, también en ambos casos nunca se ha efectuado una encuesta que haya medido el respaldo de la gente de Aysén a Noranda-Alumysa o a las represas, al menos públicamente. Estas cifras, que se entregan muchas veces al voleo y como un argumento incontrarrestable, más bien tienen que ver con la percepción personal del asunto, la que indudablemente está influenciada por su propia e interesada opinión.
Las peores encuestas deben ser ésas; las que no se realizan, las que se inventan para justificar argumentos. Sin embargo actualmente las encuestas o sondeos de opinión se han masificado y transformado en elementos importantísimos y demasiado influyentes, desde las políticas de gobierno hasta los programas de TV. Entre las principales de nuestro país se cuentan las que efectúan el Centro de Estudios Públicos (CEP), Géminis, Adimark, el Centro de estudios de la Realidad Contemporánea (CERC), la Consultora Mori, muchas de ellas ligadas a los partidos políticos (principalmente de derecha) o de otras transnacionales del mismo giro. Se sabe que el mismo Gobierno encarga estos sondeos para tener una referencia sobre el nivel de aprobación o rechazo a sus medidas, así como la evaluación de la población a sus funcionarios. Dicho sea de paso, los responsables siempre aclaran que la muestra fue tomada en las 20, 30 ó 50 ciudades más importantes de Chile, entre la I y la X regiones, jamás he escuchado una que incluya a la nuestra.
A pesar de que se suponen científicas, las encuestas también se prestan para que, muchas veces, sus resultados se adapten a los gustos del cliente. Por ejemplo, una de las principales críticas al Gobierno que le hace la derecha se relaciona con el supuesto fracaso en el combate contra la delincuencia y para eso le pasa por la nariz los resultados de tal o cual encuesta en la que los índices de la “percepción” en el aumento de este flagelo se incrementan de forma alarmante. Claro, es cosa de ver la prensa, casualmente también controlada por la derecha para aterrorizarse con tanto robo hormiga en los supermercados, asaltos, asesinatos de choferes y aberrantes criminales sexuales, un país prácticamente invivible. Lo correcto sería argumentar en base de los niveles de victimización efectivo, es decir, cuánto aumentan los delitos en la práctica, dato que en realidad es información objetiva y disponible en los organismos del Estado encargados de su control.
Hace pocos días se conoció el último de estos estudios, el cual mostraba una significativa baja en la aprobación del gobierno de la Presidenta Bachelet (8%). Puede ser; en muchos aspectos no ha respondido a las expectativas y también se ha mostrado irresoluta en varios episodios, pero habría que ver cómo se hizo la pregunta, quién la hizo, cuándo la hizo, inclusive para qué la hizo. La misma Mandataria ha dicho que ella “no gobierna por las encuestas”, pero sus detractores afirman que ella misma es el resultado de los sondeos de opinión que se hicieron al término del periodo de Ricardo Lagos. En suma, las encuestas, a pesar de estas particularidades, pueden ser instrumentos válidos y hasta necesarios para el funcionamiento de un país; de hecho cuán importante sería conocer la opinión de la gente de Aysén respecto de las represas, de sus autoridades regionales, de sus representantes en el Parlamento, etc. Posiblemente los resultados serían muy lejanos a mi actual percepción.

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