Patagonia Reverde

Tuesday, August 08, 2006

CHACAO FUNAO
Por: Carlos Pérez Alvarado

Hasta poco antes de las elecciones presidenciales, la ciudadanía de la Isla de Chiloé parecía todavía indecisa sobre la construcción del puente más largo de Chile (2,6 kilómetros) sobre el canal de Chacao. Por ese motivo las/os aspirantes a La Moneda tuvieron mucho cuidado a la hora de comprometerse con la materialización definitiva de la obra. Actualmente, sin embargo, existe casi unanimidad entre la derecha opositora más algunos sectores de la Concertación gobernante en que la suspensión del proyecto significa “matar una esperanza y, por ende, también matar muchas posibilidades de desarrollo que los habitantes de la isla se habían planteado", como afirmó Soledad Alvear, presidenta de la Democracia Cristiana. Incluso el Senador por la X Región, Gabriel Ascencio, ha renunciado a la presidencia de su bancada DC como muestra de su descontento por la medida.

En términos simples, las bases de la licitación realizada en enero de 2006 establecen que si el costo total excedía el 30% del financiamiento prometido por el Estado, el proyecto se desechaba. Finalmente fue más del 50% y hasta Sebastián Piñera, con intereses en la zona, estuvo de acuerdo con el Ministro del MOP Eduardo Bitrán. En suma, es evidente que existe un aprovechamiento político, sobre todo en la derecha, atacando a la Presidenta en todos los tonos, pero teniendo en claro que se trata de otra consecuencia más de los grandilocuentes momentos que se vivieron hacia finales del mandato de Ricardo Lagos en que, aparte del “Puente Bicentenario” anunciado con bombos y platillos como una realidad andante, pueden contarse varias otras obras que, o bien no se concretaron (como el gasoducto para Aysén), se siguen postergando (como el TranSantiago) o sencillamente se hicieron mal (como las casas “chubi” o la pavimentación de la Alameda de la capital, que tendrá que hacerse de nuevo). Es decir, la actual Mandataria hereda lo que comúnmente se denominan “cachos” dejados por el más popular de los ex Presidentes vivientes.

En medio de la polémica, creo que sería conveniente tener en consideración algunos puntos como este; El ingeniero de Puerto Montt René Fischman, realizó hace dos años una evaluación de un puente alternativo flotante estimando que costaría unos 200 millones de dólares. Este mismo profesional le anticipó al MOP que un puente colgante costaría cerca de US$ 1.020 millones, sin embargo ninguna de sus propuestas tuvo repercusión. Por otro lado, la empresa Blue Energy, le ofreció a los diseñadores del puente aprovechar la infraestructura para instalar 200 turbinas Davis de 15 MW y así aprovechar las corrientes marinas del canal del Chacao, que en conjunto podrían generar 3 mil MW, solucionando así el problema energético de Chile.

Para muchos el puente Chacao representa una necesidad imperiosa, que puede solucionar emergencias médicas, favorecer el turismo y algunas otras (pocas) razones y ventajas, casi lo mismo que escuchamos acá en Aysén respecto de otra obra monumental que se pide a gritos; un camino que una la X y la XI región, cuyo costo nadie conoce, así como cuánto tiempo demandaría su construcción. ¿Es que Punta Arenas estará condenada al subdesarrollo si es aún más difícil conectarla por tierra al resto de Chile? ¿El camino a Villa O´Higgins no se corta acaso en el Río Bravo? Si Chile Chico se pusiera a esperar por mejores transbordadores se podría llegar a olvidar de que existen embarcaciones que demorarían media hora en cruzar el Lago ¿Hay alternativas? Claro pues, y los habitantes de Chiloé no pueden negarse a considerar que con el dinero del puente se podrían construir hospitales de lujo, mejores caminos interiores o mejoras en la conectividad entre las otras cientos de islas adyacentes que seguirán desconectadas del continente. ¿A quién les sirven más estas obras; a los habitantes o las empresas? A pesar de estar descartada, el Estado ya se gastó 14 millones de dólares en su estudio y ahora tendrá que pagar otros 10 millones al conglomerado transnacional formado por la francesa Vinci, la alemana Hochlief, American Bridge de EE.UU. y las chilenas Tecsa y Besalco como indemnización por la no aprobación del proyecto. Ellas sí que nunca pierden.

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