CONCEPCIÓN
Por: Carlos Pérez Alvarado
El Director del prestigioso centro de investigaciones ambientales EULA, de la U. de Concepción, Oscar Parra, afirmó que el culpable por el desastre que provocaron las recientes inundaciones en la VIII región es el Gobierno a través de organismos como la Conama que autoriza permisos de edificación a las empresas constructoras sin ninguna consideración de impacto ambiental. En la capital penquista, por el lado del río Andalién, se construyó un “megaparque” habitacional llamado “Parquenoble” lo que significó rellenar amplios sectores de la cuenca hidrográfica de ese río que con los intensos temporales que azotaron a la zona, impidieron el natural curso de las abundantes aguas, provocando su desborde y sus lógicas consecuencias. Cero previsión, cero conciencia, ningún plan de emergencia preparado con antelación.
Por el lado del río Bío-Bío, probablemente Endesa nunca vaya a reconocer que liberar parte de la carga en sus represas de Ralco fue la causante de las inundaciones que llevaron a la muerte de dos pequeñas hermanas de Nacimiento. Ellos, con haber dado aviso de la maniobra con tres horas de anticipación se consideran con el deber cumplido, no importándole ni a Endesa ni a los organismos competentes si existe o no un plan para enfrentar la catástrofe que se viene. Se ha denunciado que el sector Collao, que debió soportar más de un metro de aguas lluvias revueltas con aguas servidas en los hogares fue intencionalmente abandonado por constituirse en barrios de gente retirada de la FF.AA. y –en cambio- la poca asistencia recibida provino desde la Municipalidad, en manos de Jacqueline van Rysselberghe de la UDI. De cualquier forma, los residentes de Collao, Los Lirios, el valle Nonguén o la Población El Huáscar están indignadísimos y han instalado carteles de protesta en lo que quedó de sus viviendas y enseres y se organizan para entablar demandas y querellas a quien corresponda, lo que refleja una actitud más decidida a la hora de exigir que se cumplan sus derechos y entender de manera más clara las causas que provocan este tipo de emergencias que se repiten año tras año, pero cada vez con mayor intensidad. Si en 2002 el agua llegó hasta el segundo peldaño de la escalera, este 2006 llegó hasta al octavo.
Extrañamente (o tal vez no), el manejo mediático de la situación de catástrofe vivida en la región del Bío-Bío es muy cercana a la desidia. Ningún canal de TV de cobertura nacional mostró los altísimos niveles de descoordinación entre las autoridades locales, principalmente desde la intendencia. Sólo un canal de Concepción mostró al Alcalde de Tomé (D.C.) criticando al ex Ministro Andrés Zaldívar por su mal desempeño durante la emergencia, a lo que la Intendenta María Soledad Tohá (más Tohás) le replicó que; “si no le gustaba como trabajaba el Gobierno se cambiara a la oposición”; una verdadera joyita que se perdió el resto del país. Tampoco hubo interés en informar cómo la población de Hualqui salió en masa a protestar contra Endesa y sus represas frente a la Intendencia Regional. Una de las peores inundaciones en 30 años mantiene todavía a muchas personas de brazos cruzados y a la Biblioteca de la Universidad del Bío-Bío con un daño similar al incendio de Alejandría (guardando las proporciones). Si se inundaron hasta los presos de la atestada cárcel de El Manzano, y eso que la delincuencia era tema del debate público.
Cada cierto tiempo en otras regiones de Chile se viven emociones muy parecidas a las que cada año sentimos ayseninas y ayseninos, producto del centralismo administrativo y mediático marcado a fuego todavía en nuestro país. Los afectados por este verdadero cáncer no somos sólo nosotros, acá en la fría Patagonia. Me consta.
(Co-escrita con César Pérez Alvarado, desde la filial capital penquista)

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